A Joaquín Pérez Roca, que acaba de nacer
Néstor Lombardi Sr. tiene una precisión en la mirada, una delineación parca del surco que le cubre el mapa dúctil del territorio, con su hendidura abierta en la expresión esculpida por brisas porteñas de humedad. Esta noche presenta su libro de poemas Caminando por la vida en el Libertad 8, que es un puerto de mar sobre el asfalto caudaloso de acentos, el lenguaje y los giros con un resto de látigo suave, en su lenta paciencia, cuando un amigo argentino se sube al escenario como un estibador, para tocar el cielo nocturno en Buenos Aires, que es el sol en Madrid. Siempre el escenario curtido por el aire labrado por ecos en el Libertad, siempre con la lámpara en la entrada iluminando sombras triangulares, ajustando la métrica del tiempo, el calor de un idioma, la música que suena igual que una llamada familiar que nos hace nacer este 9 de marzo.
Néstor Lombardi Sr. encontró compañeros poéticos de estambre y percusión en los viernes de La Latina, con Rodolfo Serrano, que es hacedor de vientos y milagros dentro y fuera del verso, en ese periodismo de la noche perpetua sobre los transistores, cuando la libertad era una palabra escrita en la pared y un niño que nació un día como hoy inventaba su voz en la radio futura. Claro que el hijo de Rodolfo y el hijo de Néstor son amigos, pero esto ha sido cosa de padres encontrados, con la tarde larvada sobre una pulpa abierta de naranja en los tejados rotos y parlantes de la calle Mayor, hablando de los cantos que se ofrecen como el último salto de un minuto que se resiste a arder. Así ha venido Néstor Lombardi hasta nosotros, antes y ahora, a través del cariño de su hijo y también del hijo de Rodolfo, y de todos los hijos hechizados al abrigo del eco de la conversación que no acabará nunca, que es la caña verbal del alimento de espuma en El Naviego, con su luz familiar cruzando por la calle, en ese acero azul de las palabras que de pronto nos nombran, que también nos caminan por la vida, soñando nuestros pasos.
Caminando por la vida es el título del libro de poemas que presenta esta noche en el Libertad, editado por Frida Ediciones, que ha abierto el poema con su detonación de acero líquido, voz en grito de la frente despierta. Allí estará el cantautor/poeta/editor Diego Ojeda, que arañó la sangre acuosa de los amaneceres a pesar de los aviones y ha vertido el fulgor dentro del laberinto; estará, seguramente, Jon Andión, por presencia poética y por delegación de admiraciones previas, porque uno de los temas de mi única charla con Néstor Lombardi Sr. hasta hoy fue sobre Patxi, también poeta del tiempo sobre una voz rasgada en bronquios de oro; estarán también, seguro, Ismael y Rodolfo Serrano, ahora que la vida son los cuerpos lejanos, y también los cercanos, en una carretera que nos salva de ese hotel fantasma en el arcén, para mecer nuestra única certeza: que estaremos aquí para escuchar a Néstor Lombardi y caminar con él.
Empezar a querer al padre del amigo es una tradición en La Latina. Así ocurrió también con Néstor Lombardi, viejo y joven, en la puerta del teatro que una vez cruzamos en la imaginación de las fiestas nocturnas con aroma de cine. Abrazamos al poeta, al viajero que llega con su voz pendular esta noche de marzo. Éstos son mis amigos y brindaré por ellos, por tu madre y por ti. Hoy es día de padres, y día de hijos.
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