Mano tendida, mano extendida

15/03/2016

Maite Vázquez del Río.

Este impasse en que se encuentra la gobernabilidad de España no se ha convertido en un obstáculo para que la corrupción siga aflorando. Es el paisaje ciudadano con que amanecemos cada día y también con el que nos acostamos. Y no parece que nada vaya a variar.

Nuestros políticos electos siguen jugando al monopoli. Nadie cede, pero nadie quiere aparecer como el malo de la película. Poses férreas de líneas rojas de ideologías ininteligibles. Los problemas de España no los arregla ni la derecha ni la izquierda. Nadie tiene la fórmula mágica por más que nos intenten convencer de que sí. Los españoles hace años, décadas, que dejamos de ser ingenuos, aunque algunos pretendan hacernos comulgar con ruedas de molino.

En estos dimes y diretes, los ciudadanos debemos recordar a quienes nos votaron cuáles son nuestros problemas. La encuesta del CIS se lo recuerda mes a mes, pero parece caer en saco roto. Y con variaciones arriba o abajo, reitero desde estas líneas como si estuviera respondiendo a la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el paro es la principal preocupación. Y en segundo lugar, la corrupción. ¿Quién lo iba a decir antes de la crisis, verdad?

Pero nuestros políticos no hablan de cómo arreglar el problema de más de cuatro millones de ciudadanos, y el miedo de otros muchos millones a terminar en el desempleo. No buscan coincidencias parar acabar con los cada vez peores salarios y menores derechos de los trabajadores, tal vez porque el cristal con que ven el problema no es el mismo.Tampoco de cómo salir del agujero económico en el que nos hemos metido, con cada vez mayor deuda pública, que deberan pagar generaciones y generacion, y un déficit público que reclama desde Bruselas más recortes y menos Estado de Bienestar.

Para Mariano Rajoy y todo el PP, después de todo lo que nos ha hecho pasar la crisis, no nos podemos quejar… ¡Menos mal, aún no hemos llegado a las condiciones salariales y laborales que tienen en China, pese a pertenecer a la Unión Europea! Y que se vaya reduciendo el paro a costa de más precariedad, temporalidad e inestabilidad laboral es de agradecer porque no hay ninguna otra receta.

Pero tampoco desde la bancada de izquierdas encabezada por Pedro Sánchez (por el número de votos obtenido, le pongo en ese liderato) las soluciones aparecen tan claras. Se reunió este lunes con el nuevo líder sindical de UGT, Josep María Álvarez, y ambos coincidieron en que se debe derogar la reforma laboral de 2012 del PP, y en que hay que crear empleo digno y con derechos. La música suena muy bien, el problema es que nadie dice cómo.

Y en estas diatribas, en las que todos se acusan, en las que todos ponen condiciones de ir con unos u otros, la línea roja solo parece ser Cataluña y nombres de dirigentes políticos. Incluso añaden el número de votos obtenidos. ¿Y a nosotros qué? Todos los ciudadanos españoles, creo, estamos de acuerdo con que Cataluña ahora no es el problema prioritario, aunque no por ello deje de ser un problema. Lo que nos lleva de cabeza es el paro, la situación económica. la falta de expectativas y la ausencia de soluciones. Pero haciendo caso omiso de nuestras preocupaciones, los políticos, pese a sus rifirrafes, ponen cara de no haber roto un plato y en sus declaraciones pomposas recalcan y enfatizan su «mano tendida» a unos y otros para llegar a un acuerdo. ¡Seguro que es más fácil sacar un conejo de la chistera!

Pero al tiempo que vemos tanta «mano tendida» cada día -ya no nos sorprendemos, sino que aumentamos nuestro enojo-, seguimos con los casos de corrupción al alza, esos políticos, aún muchos en activo, que no tendieron, sino que extendieron su mano durante años y años al dinero negro, a las comisiones, a los cohechos… a todo lo que les aportara los beneficios que el oficio de político no les daba por ley ni por derecho.

Unos de momento tienden su mano, otros, la extienden, mientras los ciudanos apretamos nuestros puños cada vez con más impaciencia para ver si llegan las soluciones a nuestros problemas y se acaba con tanto politicucho que se dedicó a ese oficio para forrarse y darle a su partido dinero para colocarle en primera línea. Solo hace falta que alguien dé el puñetazo sobre la mesa. El derecho al pataleo ya no sirve.

 

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