«Deconstruyendo la Unión Europea»

26/03/2016

Teodoro Millán.

Por segunda vez Europa mira para otro lado cuando Francia propone dar una respuesta unificada al estado de guerra declarado por el Daesh. Se evidencian así las discrepancias internas que impiden el avance europeo hacia una integración definitiva y que no dejan de crecer desde hace años.

bandeEl proyecto europeo alcanzó su máxima expresión simbólica al situar la cotización del euro por encima del dólar ya desde su lanzamiento. Unos primeros años de bonanza permitieron entonces desoír las criticas a una unión carente de integración fiscal. Críticas que se convirtieron en cruda realidad cuando, con el cambio de ciclo en 2008, la unificación monetaria imposibilitó implementar políticas acordes con la situación de cada economía nacional. La política anti-inflacionista impuesta por el norte, dictó  el recorte del estado del bienestar en países con desempleo masivo, acarreando tensiones sociales, el desgaste de las políticas comunitarias y cambios de gobierno en varios países. Hoy, tras años de observar como la Fed actuaba con agilidad ante la crisis económica, el BCE ha terminado por adoptar las medidas aplicadas con éxito en los EEUU. Sólo falta diseñar un sistema centralizado de seguridad social para acabar teniendo una reproducción completa del sistema americano.

Ningún país de la UE parece tener capacidad militar suficiente para intervenir aisladamente en forma definitiva en la guerra de Siria o Iraq. No habiéndose materializado el proyecto de un ejército europeo, se pone de nuevo de manifiesto que la defensa de Europa queda delegada en terceros. Sujeta, por tanto, a sus agendas y prioridades. Nada bueno hay en ello, salvo lo que implica de mirar hacia otro lado. Gracias a Dios, el nivel de seguridad policial y de inteligencia, necesariamente defensivos y preventivos, parecen funcionar adecuadamente, a pesar de las sombras afloradas en el último atentado de Bruselas.

Pero en todo ello se echa en falta un debate a nivel público. Defensa no es un término habitual en el discurso de nuestros políticos, que se limitan a hablar de seguridad como extrapolación de la persecución de bandas terroristas locales del pasado, imposibles de enfrentar de otra forma por su carácter clandestino. Sin embargo el Daesh no es una organización encubierta. Se ha declarado estado, posee un ejercito y ha abierto frentes de combate proclamando su objetivo militar expansionista. Existe, por tanto, la posibilidad de responder a su declaración de guerra con algo más, como propone Francia, que actuaciones preventivas de seguridad. Pero mientras las prioridades de EEUU marcan el ritmo del conflicto bélico, Europa se limita a poco más que observar, sin saber si su falta de participación es decidida o revenida. Es necesaria mayor transparencia sobre el fondo del problema para optar entre las alternativas abiertas, única forma de asumir los costes de la política a seguir.

La reconducción de la política monetaria, la ausencia de políticas unificadas contra el desempleo, el desalineamiento de las políticas de inmigración, el Brexit y ahora la incapacidad de unificar una política pro-activa de defensa, muestran la creciente extensión de la crisis del proyecto europeo.

Es curioso que sea Francia quién haya señalado la situación. El término dèconstruction nació allí en los 60 de la mano de Jacques Derrida (basándose en el Destruktion de Martin Heidegger) quien lo exportó con gran éxito a las universidades americanas, desde donde se propagó. Desgraciadamente, parece que ha llegado el momento de recuperarlo para Europa.

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Teodoro Millán

 

 

 

 

 

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