El país de los cátaros

28/03/2016

Carmela Díaz.

Ciudades amuralladas, castillos medievales, abadías, claustros románicos, senderos boscosos… El denominado “país de los cátaros” es una atractiva región francesa plagada de Historia que se encuentra en un enclave geográfico privilegiado, entre dos cadenas montañosas: la Montaña Negra en el norte y los Pirineos en el sur. Además de una gran diversidad de paisajes cuenta con 47 kilómetros de costa mediterránea, una gastronomía autóctona deliciosa y buenos vinos que convierten la visita a esta tierra francesa en una gran experiencia. A continuación os describimos algunos de los enclaves imprescindibles.

Carcassonne

Carcassonne

La comarca de Carcassonne. Ha sido siempre un camino entre el Mediterráneo y el Atlántico desde tiempos muy antiguos. En la actualidad Carcassonne se ha convertido en una parada obligatoria. Es una ciudad medieval perfectamente conservada y cuidada, una visita ineludible sobre todo desde que pasó a formar parte del patrimonio mundial de la UNESCO. El puente viejo da la bienvenida y un laberinto de callejuelas medievales invita a caminar y a perderse por decenas de rincones con encanto. Una sucesión de gárgolas, torres, cuestas empedradas, edificaciones regias, ventanales y murallas enamoran al visitante.

Al norte del valle se divisa la Montaña negra y su punto culminante, el pic de Nore. Entre sus tierras se encuentran también los cuatro castillos de Lastours y un patrimonio geológico de interés como la gruta de Limousis o el Gouffre géant de Cabrespine. Sin olvidar el famoso Canal du Midi, reconocido también por la UNESCO.

Los Corbières.  Cercana a los Pirineos se divisa esta zona de montes, de pendientes pedregosas, de viñedos, de parajes de gran belleza y de agradable clima mediterráneo. En estos lugares pintorescos de belleza salvaje se ubican la abadía de Lagrasse, las ciudadelas de Peyrepertuse, Quéribus y el castillo de Villerouge-Termenès.

 

Paisajes cátaros

Paisajes cátaros

Región del Valle Alto. Su punto culminante es el Pic de Madrès, a 2.469 metros de altitud. Nos encontramos ante una llanura a los pies de los Pirineos, comarca de gargantas, desfiladeros y mesetas, que ofrece el frescor de los más hermosos abetales de Francia y la práctica de deportes de aguas bravas. Etapa ineludible para el visitante es Limoux, conocida por su vino espumoso y burbujeante, antepasado del champán (Blanquette de Limoux) y por su carnaval tradicional celebrado ininterrumpidamente desde la Edad Media.

El pech de Bugarach. Es el punto culminante de los Corbières y una tierra mágica. Cuenta la leyenda que dos duendes llamados Bugh y Arach rezaron al dios Júpiter para que liberase los Corbières de la furia del viento de tierra. Además, es el lugar donde habitan las “mitounes” unas bellas hadas maléficas, según la tradición occitana. Desde su cima podemos admirar un amplio panorama que va desde los Pirineos hasta la Montaña Negra, y desde el Mediterráneo al Alto Valle del Aude.

Narbona

Narbona

 

Narbonne. Es una antigua capital romana y encrucijada de diversas culturas que posee un patrimonio histórico y arquitectural excepcional (Horreum Romano, vía Domitia, el palacio de los Arzobispos, la catedral gótica, la ciudad vieja o el canal de la Robine). Además de visitar a fondo los monumentos y palacios del centro histórico, así como sus museos y abadías, esta ciudad cuenta con un entorno muy atractivo: estanques y kilómetros de playas, el macizo de la Clape, y el Parque Natural de la Narbonnaise en el Mediterráneo.

Gastronomía cátara

Gastronomía cátara

 

Tal y como ocurre con su patrimonio cultural, esta histórica región del sur de Francia ha sabido transmitir la gastronomía autóctona a través de las generaciones. Sus riquezas gastronómicas son infinitas, pero algunos de los productos de la zona que no hay que dejar de probar son: bourride de anguilas y pescados, caza, caracoles, charcutería del País de Sault, aves de corral de granja, pollos, pintadas, capones del País Cátaro, patos grasos, alubias de Castelnaudary, cerezas, cebollas dulces de Citou, charcutería de la Montaña Negra, mieles, trufas, espárragos, castañas, manzanas, aceitunas Lucques, arroz de la albufera de Marseillette, quesos de oveja y de cabra, ostras, mejillones…

Entre los vinos se pueden destacar los siguientes: los de Cabardès, de Clape Quatourze, de Corbières, de Fitou, de Limoux, de Malepère, de Minervois, de la Cartagène, el Muscat de Rivesaltes o el Saint Jean de Minervois Cabardès.

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