Lamentables acciones terroristas y accidentes de tráfico aparte, la recién terminada semana santa ha sido un buen pulso para la sociedad. Tras una larga época de vacas flacas se ha constatado que hay un significativo sector de la sociedad que empieza a ver el futuro con un matizado optimismo y ya se atreve a destinar una parte de sus dineros al ocio.
Han sido muchos los hoteles, de mar o montaña, que durante estos días han colgado el cartel de “completo”, los restaurantes han tenido una ocupación aceptable y las carreteras, trenes y aviones también se han llenado.
La sociedad funciona a pesar de las incertidumbres políticas que se producen al llevar más de tres meses de gobierno y con muchos interrogantes sobre cómo se resolverá esta parálisis, pero como se ha dicho en numerosas ocasiones la política va por un lado y la sociedad por otro.
El hecho es que una parte importante de la sociedad ha vuelto a creer en el futuro, en que nos esperan tiempos mejores y se permite el lujo de dejar de apretarse el cinturón por lo que pueda pasar y recuperar sus actividades lúdicas. A otros –desgraciadamente- aún no les ha llegado este momento pero todos tenemos la sensación de que algo se mueve y el imaginario colectivo empieza a creer que las cosas ya han dejado de ir teñidas de negro.
Esta semana santa parece que ha servido para presentar en sociedad los nuevos tiempos, esperemos que los millones de personas que estos días han demostrado esta confianza en el mañana no estén equivocadas.
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