Viejos tiempos modernos

01/04/2016

Maite Vázquez del Río.

¿Quién nos lo iba a decir? Pero sí… El sector financiero, ese que ayudó sobremanera a entrar de cabeza en la crisis, ese mismo que tuvo que ser rescatado por Europa, el que ha recortado la concesión de crédito y frenado a muchos emprendedores y particulares, ese sector, sí… comienza a mostrar la cruda realidad entre sus trabajadores.

Parece que se resistía, pero tanta compra y fusión y absorción, y reducción de número de entidades hasta la desaparición de las en otro tiempo sociales cajas ha traído un severo ajuste de plantillas, que a los ojos de los ciudadanos ha pasado desapercibido, como si no estuviera ocurriendo. ¿Quién se iba a fijar cuando en España se superaban los seis millones de parados? ¿Quién iba a decir algo en favor de los empleados de los bancos cuando sus empresas eran las culpables y estaban en el punto de mira por la crisis?

El penúltimo paso lo acaba de dar Ana Botín. Acaba de anunciar su primera reestructuración como presidenta del Banco Santander con la desaparición de 450 sucursales. Aún no se han atrevido a cifrar el número de trabajadores afectados, sólo se sabe que los habrá.

El sector financiero español, ahora lo comprobamos, lo está pasando mal; aún no ha acaba de reestructurarse. Atrás quedan aquellos tiempos en que para evitar la competencia en las cercanías se compraba cualquier local mediano o grande para que el competidor no se pusiera al lado. Eso pasaba en las grandes ciudades, pero también en las medianas y pequeñas. Casi empezaba a haber más sucursales bancarias que bares…

Y esos excesos -cuando a los españoles nos advertían que vivíamos por encima de nuestras posibilidades- antes o después se pagan. Y los que pagan, ¿cómo no?, son los de siempre: los trabajadores.

Las plantillas de las entidades financieras se han visto esquilmadas. Han ido recortándose de forma silenciosa, sin montar mucho ruido, porque el ruido ensordecedor se encontraba también en sus puertas, en medio los afectados por las preferentes, entre el desasiego de los clientes que veían que cada dos por tres su entidad cambiaba de nombre y ha llegado un momento en que uno no sabe a qué carta atenerse…

Pero fíjense cómo la estructura económica de las entidades financieras españolas no cambia ni con la crisis. Mientras desde el presidente a los consejeros y altos cargos de las entidades se suben año tras año sus retribuciones… entre los trabajadores cada vez hay menos masa salarial que repartir, y para que no se note tanto y, dada la necesidad de cerrar oficinas, se ha optado por ir calladamente despidiendo a gente.

Antes de la crisis, en 2008, había 270.351 trabajadores en Banca. Desde entonces hay 63.500 empleados menos y el suma y sigue continúa. Hasta el año pasado se habían cerrado 12.000 sucursales y el sector se ha concentrado tanto que ahora seis grandes entidades se reparten el pastel (antes de la crisi había 48 cajas de ahorros que han desaparecido): Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Popular. Estos seis grupos controlan el 70% del mercado español por lo que el oligopolio está servido en bandeja de plata.

Pero esta situación va a continuar. Santander ahora, y hace poco BBVA también han entrado en el círculo de cierre de oficinas y ajuste de plantillas. Desde Funcas se aseguraba recientemente que todavía quedan por cerrar otras 5.000 oficinas y por hacer desaparecer 15.000 empleos si se quiere que el negocio sea rentable.

Han pasado de prestar el dinero alocadamente a controlar hasta el último céntimo de euro. Las plantillas de las entidades financieras son otras de las paganas del despilfarro bancario de antes de la crisis.Con el tipo de interés en negativo, la inflación en sintonía con la deflación, o los salarios cada vez más ínfimos, como en la mayoría de las empresas, los grandes banqueros buscan la rentabilidad a través de despedir a sus trabajadores.

Si el modelo no cambia, seguiremos en los tiempos modernos con los sistemas viejos. Aunque con nuevas amenazas para el empleo, porque las nuevas tecnologías requieren de cada vez menos mano de obra. Se empezó con los cajeros… pero llegará un momento en que en las oficinas solo habrá máquinas con las que los clientes estaremos obligados a negociar desde un préstamo a un talón conformado. Todo se verá en estos viejos tiempos modernos.

 

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