A la espera de la decisión de las autoridades de la competencia de la UE, que está previsto que se conozca el próximo 19 de mayo, la venta de O2 Reino Unido a Hutchison Whampoa por Telefónica atraviesa por una etapa difícil después de filtrarse la posición de la Autoridad de Competencia y Mercados (CMA, por sus siglas en inglés) de ese país. Este organismo muestra claramente su contrariedad por la operación, solicitando a la Comisión Europea que prohíba la venta o imponga fuertes desinversiones al grupo resultante para su autorización.
La dureza de la misiva de la CMA ha sido en parte un sobresalto, más si se compara con el apoyo a la fusión de BT (antiguo monopolio del país) y de EE, con la que se ha creado el indiscutible futuro campeón nacional, con activos y servicios en telefonía fija y móvil. Y ese puesto en el mercado parece que se quiere proteger. Con ser esto cierto, la evidente oposición a la entrada del grupo chino -que se ha percibido en varios estamentos del Reino Unido y reflejado también en la prensa- ha hecho que la sorpresa ante la carta del consejero delegado de la CMA, Alex Chisholm, no sea del todo una sorpresa.
Pese a ser un sujeto pasivo en esta batalla empresarial, para la operadora española el cierre de la operación es muy relevante. La transacción se suscribió en abril del 2015 por un importe de 10.250 millones de libras esterlinas, ingresos que iban a servir para reducir la deuda y para asegurar el pago de un dividendo de 0,75 euros por titulo en los próximos años en metálico.
Pero existen otras opciones en caso que el grupo chino no acepte las condiciones que se promueven desde Londres o que la compra sea directamente vetada. La compañía que preside José María Álvarez-Pallete tiene caminos alternativos -no se puede hablar sólo de un plan B- que ha ido perfilando a lo largo de los últimos meses.
El primero está relacionado con lo que se ha percibido en el mercado de la telecomunicaciones en el periodo que va desde que se acordó la venta hasta ahora. Y es el interés mostrado por varias las empresas de diferentes países por los activos que Hutchison tenía que poner la venta. Esta es -o era- una de las bazas positivas para que las autoridades de la competencia permitiesen la compra por el grupo chino de O2 que uniría a Three, su actual operador en ese país.
Hutchison ofreció vender el 20% de su capacidad de red en Reino Unido a Sky y el 10% a la filial de cable de Liberty Global (Virgin Media). Y ademas de estas sociedades, otras empresas también han puesto los ojos en activos de O2, como son Tesco, UK Broadband o TalkTalk. Si bien la CMA ha señalado que la desinversión tendría que incluir la infraestructura de red móvil y un espectro suficiente para asegurar un cuarto operador viable en el Reino Unido.
Por su parte, la operadora de Hong Kong ha contraatacado y señala que las condiciones de la CMA socavarían toda la lógica económica de la fusión y la pondrían en una inferioridad «en materia de espectro y de capacidad para la compañía resultante de la operación”. Declaración compartida por algunos analistas que todavía no dan por fracasada la vente de O2 UK.
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