Paola Valverde en Madrid

13/05/2016

Joaquín Pérez Azaústre.

Paola Valverde es una fuerza de la naturaleza. No se puede contemplar este fenómeno de mujer danzante entre palabras de fibra muscular, en la armonía de un verso concebido con la fiebre de cuerpo que luego se levanta dentro del cuadrilátero, sin advertir que estamos ante una doble visión del poema en marcha: por un lado, su texto portentoso de intensidad y de ritmo, de verdad acotada entre las cuerdas de una lona que habita en un dolor de tejidos y también del espíritu; pero, además, en esa fortaleza desplegada en lo hondo y desde lo hondo, como un testimonio de revelación desde la esencia misma de las cosas, entre la podredumbre o el fulgor, que viste de matices el último champú o un mercado en el centro de San José, con sus puestos convertidos en fragmentos de versos entre sorbos de la porción secreta de estrofas dibujadas en la pared de un bar, sí, pero también con la luminosidad que abarca toda una retórica de fuerzas que al final son posibles. Esto, en lo que se refiere a la escritura, a lo que un lector podrá encontrar tanto en La quinta esquina del cuadrilátero, el libro de poemas hermosamente editado por Lápices de Luna que se presenta hoy, a las 19:30, en el Gastropub El Dinosaurio todavía estaba allí, en la calle Ave María de Lavapiés, como en su otro libro, Bartender, que empiezan a encontrar otros escenarios fuera de Costa Rica, porque Paola es una poeta asombrada del mundo que se lee en cualquier idioma con que cante la vida.

Pero un asunto es leer, por ejemplo, el espectacular La quinta esquina del cuadrilátero -leer, por ejemplo, un poema brutal como La perra de Pavlov-, y otra distinta asistir al recitado que Paola es capaz de volcar sobre su texto, como si una nueva sustancia lo habitara y lo regenerara desde dentro, dándole el volumen de una voz y un peso íntimo, gravitatorio y fino de matices que son interpretación, aunque no tanto, y son también recreación, aunque tampoco; porque lo que en verdad es, lo que supone asistir a un recital de Paola Valverde, es descubrir esa edificación de un nuevo latido de palabras, una reescritura desde la escritura misma, un nuevo ritmo y una respiración que se visten de fuego y enmudecen, que son la veracidad puesta de pie con su cadencia y su determinación, porque ahí tenemos una mujer de verso entero que es capaz de decirnos unas cuantas cosas con toda la fiereza de su cuerpo y sacarnos de la comodidad, reventar el asiento y la atmósfera misma de la sala, de la ciudad y la vida, al cantar con su ritmo entrecortado de rap o de canción hecha de versos afiebrados de voluntad y luz.

La acompañaran en el escenario Jon Andión, que sabe lo que es soñar con los pies mojados a ambas orillas del océano y regresó de la Feria del Libro de Costa Rica con el cartón lleno, mae, y un resto de sal en la retina, y también el poeta hondureño Dennis Ávila, que es un corazón tendido al sol como el que cantó Víctor Manuel. Aquí hay poesía con personalidad y vigor, aquí hay una poeta dispuesta a sacudirnos dentro del cuadrilátero con su cicatrizante ante la vida. Por si no ha quedado claro, no se la pierdan.

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