No sé si el “gran debate” sirvió para que alguien decidiera su voto, más bien creo que los cuatro protagonistas hicieron esfuerzos para invitar al electorado a disfrutar el día 26 un día de playa o de montaña en vez de acudir a las urnas. Y lo sorprendente es que los estudios de audiencia estimaron en casi diez millones y medio fueron los masoquistas siguieron el debate en alguna de las doce cadenas que lo emitieron, según el informa de la audiencia de Barlovento.
Fue más de lo mismo, todos los candidatos jugaron a la defensiva con argumentos ya gastados. Es aquello de pregúntame lo que quieras que responderé lo que mis asesores me han puesto en el guión. El tema estrella, el de los posibles pactos, no clarificaron nada y si hacemos caso de lo que se dijo en el debate se podría llegar a la conclusión que tras las elecciones tampoco se pondrán de acuerdo para formar gobierno.
Sobre la corrupción imperó el conocido “y tú más” en el que sólo Albert Rivera se fue de rositas. En los temas económicos todos explicaron su particular bálsamo de fierabrás y sobre Catalunya pasaron de puntillas.
¿Alguien ganó el debate? Es difícil valorarlo, quizás es más sencillo vaticinar que dos candidatos entraron políticamente muertos al envite y no parece que resucitaran, tanto Rajoy como Sánchez parece que son políticos con más pasado que futuro. Por otra parte el dirigente socialista hizo esfuerzos para tener un cierto protagonismo en un debate donde el protagonismo lo tenían Rajoy e Iglesias, mientras que Albert Rivera (que ahora presume en su tierra que puede haber en España un presidente catalán) fue casi un invitado de piedra con un protagonismo más bien escaso.
Conclusión: muchos tenían ganas de escuchar y los protagonistas pocas ganas de enseñar sus cartas. El debate fue tan plano como la campaña así como el cansancio del electorado en esta tragicomedia.
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