Los malos políticos hacen que todos paguemos las consecuencias de la mala gestión. Cameron, el dimitido primer ministro británico, nunca tuvo que convocar el referendum sobre si Reino Unido debería salir de la Unión Europea. Perdió su apuesta y perdimos todos, los ingleses, los escoceses, los ciudadanos de Irlanda del Norte y hasta los gibraltareños. Pero también el resto de los ciudadanos de Europea, que unidos aún tenemos una oportunidad de mantenernos como economías de primer orden frente a todos los potentes países emergentes con China a la cabeza.
¿Y qué decir del político que sembró el germen del divorcio, Nigel Farage? El líder del Partido Independiente de Reino Unido, no creía en la Unión Europea, pero era eurodiputado. Cameron contribuyó también con sus críticas contra la UE, pero Farage, como el ya exprimer ministro, ha salido por la puerta de atrás como un cobarde. Resulta que su idea era hacer explotar el invento, pero sin una hoja de ruta para continuar. Conseguido el objetivo, presenta la dimisión. Y ya está. Nadie le pide cuentas ni explicaciones.
Visto lo visto, algo tendrían que hacer las autoridades europeas para que tanto ‘terrorista’ de la Unión Europea no pise sus instituciones. Para qué admitir a una Marine Le Pen, para qué dejarla seguir torpedeando y atacando a algo en lo que no cree. Y como ella otros muchos. Que se organicen en otra parte. Así dejarían de salir en las fotos y ocupar un espacio que no les corresponde.
Las autoridades europeas también deberían aprender la lección de lo ocurrido. Reino Unido era el país más mimado, el que se salía siempre con la suya por miedo a que abandonara el barco. Se le consintieron muchas cosas, incluido que mantuviera su moneda oficial y no adoptara el euro como el resto, que mantuviera más soberanía que el resto… todo con tal de que no se fuera… y al final se va a ir.
Lo que les ocurra a los ingleses es cosa suya. Es lo que votaron, aunque en cuestiones tan críticas como ésta se me antoja que es demasiado insuficiente ese 52% con el que triunfó el Brexit, porque lo único que ha hecho ha sido dividir casi por la mitad a una sociedad. Pero los políticos son así y no parece que vayan a cambiar. Y lo peor de todo es que se van de rositas sin dar explicaciones a nadie.
Pero a lo que iba. ¿Qué va a ocurrir ahora con todos los documentos que circulan por la UE? El primer idioma en el que salen todas las directivas, consejos, informes… y son cientos cada mes, es en inglés. Inglés, francés y alemán. En esos tres idiomas se escriben los documentos, luego -siempre más tarde- en el resto de las lenguas. Casi se podría decir que el idioma oficial de la UE es el inglés. Pero resulta que ahora los ingleses ya no van a estar. ¿Qué van a hacer las instituciones comunitarias al respecto? ¿Seguir con el inglés? Aunque se ha convertido en el idioma común de todos, no parecería muy lógico que así fuera. ¿Qué otro país tiene como lengua oficial el inglés dentro de la UE si Reino Unido ya no va a estar?
Ya, ya sé que el inglés es la lengua en la que se expresan los economistas, los científicos, el mundo de la cultura y la música, los inventores de las nuevas tecnologías, el que predomina en Internet… Es la influencia del mundo anglosajón, en el que Estados Unidos y Reino Unido van a la limón. No se puede olvidar que ellos llegan arrollando en todos los sitios. Quien quiera hablar conmigo, que lo haga en inglés. No se molestan lo más mínimo en aprender ningún idioma. Es un como «que todos vengan a mí a rendir pleitesía». Y se les ha consentido dentro y fuera de sus fronteras. Aquí en España el ejemplo más claro son los futbolistas. Después de tres años, Bale sigue dando las ruedas de prensa en inglés, como en su día ocurrió con los Beckhan… Pero en el caso de las leyes europeas, ¿para qué utilizar una lengua que no existe dentro de sus fronteras?
Seguro que será una cuestión que tal vez alguien plantee al final de todo el camino que queda por hacer para que Reino Unido salga de la UE. Romper tratados, destruir acuerdos, borrar pactos. Para que luego cada país pase de uno en uno a firmar nuevos acuerdos, esta vez «bilaterales». Hay que dar respuesta a muchos problemas que surgen, como los británicos que viven tan plácidamente por las costas españolas, disfrutando del buen clima y de la excelente sanidad española…
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