Aquella no fue una noche más del verano abrasador que sacudía inmisericorde a la capital. Los hombres de azul se posicionaron en las principales calles y avenidas como piezas de un Tetris. La imponente silueta de una fortaleza flotante besó tierra en una base aérea acordonada. Dos jefes de Estado se saludaron bajo suelo de escarlata alfombrado, faltaría más. Entretanto, un Madrid ardiente fisgoneaba expectante el avance de una comitiva de treinta bestias blindadas. POTUS habitó entre nosotros. Aunque su estancia no llegó ni a 24 horas.
Esta es el ritual que antecede la presencia del Presidente de los Estados Unidos de América en Hispania o en Tombuctú. Como efecto colateral emergen los que lucen chapitas y pegatinas anti-todo lo que se menea. Mucho cabreo ilustrado ante el mundo que los rodea, pero pocas -o ninguna- soluciones realistas que aportar. Es la demagogia gratuita consecuencia del simplismo ideológico. Por estas tierras ibéricas los manifestantes fueron nuestros progres neo-comunistas, esos jóvenes y jóvenas entrenados para despotricar contra lo que huela a superpotencia -con Estados Unidos e Israel siempre en su diana-. Platican el desprecio al americanismo, a la par que muestran simpatías hacia regímenes que nunca pisarán temerosos de perder los privilegios y derechos del capitalismo que los ampara. La convocatoria anti-yanqui de las huestes de Garzón mientras su socio Iglesias rendía pleitesía al líder, es la metáfora ideal de esta nueva izquierda, la del castañazo en las urnas: un compendio de contradicciones. Una huida hacia delante sin profundidad ideológica.

President Barack Obama speaks to troops during a visit to Naval Station Rota in Cadiz, Spain, Sunday, July 10, 2016. Obama made a brief visit to Madrid and Naval Station Rota before heading back to Washington following the NATO Summit in Warsaw, Poland. (AP Photo/Susan Walsh)
Durante las efemérides de la raquítica agenda potusiana, observamos a un Felipe VI pletórico, luciendo palmito como anfitrión, aunque no tan avezado en los entresijos de la oratoria. Y Rajoy sonrió socarrón porque en el tiempo de descuento -o en el precalentamiento, que con su impasibilidad gallega nunca se sabe- ha conseguido la fotografía con Obama, que es muy pintona. Los sevillanos lloraban por sus esquinas lamentándose de la visita fallida del emperador del mundo. Un coitus interruptus presidencial a la andaluza. Los muy ombligueros no se dan cuenta de que la capital del Sur ya era un icono universal antes de que Obama ganase una jefatura de Estado y lo seguirá siendo, Giralda mediante, cuando cien POTUS venideros hayan abandonado el despacho oval.
Antes de partir Obama nos regaló un glorioso espectáculo: la escenografía política americana no tiene adversario. Pero el objetivo no era fiestear con las tropas desplegadas en nuestra costa gaditana sino recordar a amigos y discrepantes que Rota es un enclave esencial en la estrategia bélica estadounidense. Entretanto, Sánchez, Rivera e Iglesias a lo suyo: a inflamar su egolatría en las redes sociales rentabilizando cibernéticamente su kit-kat de gloria. Hace medio siglo los extras de Berlanga zarandeaban pañuelos al viento en honor a la estampa del señor Marshall; hoy en día se paren tuits para amortizar cortesías imperiales de minuto y medio.
En la crónica de esta visita presidencial solo faltó Zapatero protagonizando alguna agudeza contra la bandera de las barras y las estrellas. Pero esa película ya la hemos visto. Y no tuvo final feliz.
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