En Estambul parece que disparan

16/07/2016

Joaquín Pérez Azaústre.

Con la sacudida aún dentro del párpado tras la visión de los 84 cadáveres cubiertos por sábanas azules en el Paseo de los Ingleses de Niza, como diez días antes los 250 asesinados en una heladería de Bagdad, con un camión bomba, la noche de ayer, cuando casi no queda reserva de terror, hay un intento de golpe de Estado en Turquía: el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos, si es que quedan fuerzas para tanto; pero realmente parece que todas las costuras van saltando, antes de un estallido global.

La primera reacción, porque a fin de cuentas se trata de la televisión pública, es buscar el canal español de información de 24 horas. Aparece Sergio Martín, presentador y director de La Noche en 24 Horas, con un especial sobre el golpe de Estado en Turquía. Lo de especial, claro, habría que ponerlo entrecomillado, en cursiva o en el tipo de letra más lánguida y vacua que encontremos. Porque exceptuando a José Oneto, y algo Alfonso Rojo, el resto, incluido el presentador y director del programa, sesteaban por su feria apocada del lugar común, apoteósica de banalidades y desgana, mirando desvaídamente las imágenes del smartphone entre balbuceos, como haríamos cualquiera de los espectadores en honda conversación introspectiva, sentados en el sofá del salón.

A la mañana siguiente, se ha comentado más el resbalón del programa al conectar en directo con José Ramón García, responsable de Internacional del PP. Fue más o menos así: Sergio Martín, en un arranque de intrepidez periodística, le dice: “Si te asomas a la ventana… Creo que estás en un hotel, José Ramón”. Imaginando, supongo, que se trataba de Ankara o Estambul. Y el responsable de Internacional del PP responde algo así como “Sí, sí, sí, yo si quieres me asomo a la ventana, pero estoy aquí en España, no estoy allí. ¿Eh?”. Hoy es uno de los temas, menores si se quiere, dentro de una actualidad más vasta y salvaje, pero resultó bastante cómico, dentro de la tensión

Imagino que en un canal titulado Canal 24 Horas son frecuentes esos deslices, como aquella desconexión durante el atentado de Boston, la interrupción de la rueda de prensa de María Dolores de Cospedal cuando iba a responder sobre Luis Bárcenas, o el retraso para informar acerca de la dimisión de Alberto Ruiz Gallardón; como la tardanza, de más de dos horas, para conectar con Santiago tras el accidente del Alvia, y  siempre bajo la dirección de Sergio Martín; sin embargo, fue tras entrevistar a Pablo Iglesias y soltarle “Esta semana estará usted de enhorabuena”, por la salida en libertad de los etarras Santi Potros y Alberto Plazaola, cuando el espacio patinó con menos tino.

Pero lo de ayer no fue manipulación informativa, sino abulia, un aburrimiento contagioso, en un momento que podía haber cambiado, que quizá cambie aún, el relato reciente de Europa y el mundo, mientras se exhibía un conocimiento geopolítico de la realidad turca que a duras penas sobrepasaba los ingredientes del kebap, en una especie de indolencia raoyniana. Porque vamos a ver: si las cadenas estatales turcas están cerradas, y sólo retransmiten las privadas, con todos los rótulos bajo las imágenes en turco, y la mayoría de los contertulios, como el presentador y director, apenas se desfogan en análisis brillantes como “Los civiles marchan hacia el puente” y “Parece que disparan”, con todo lo que había en juego, con todo lo que sigue estando en juego, mientras se seguían sucediendo esos rótulos informativos en turco, ¿es que a ningún lumbreras, ya que no al propio Martín, se le ocurrió buscar un traductor del turco?

Aunque llame la atención el error en la conexión con alguien que está cenando tranquilamente en España –pero, por si acaso, del PP-, como si estuviera al pie de un tanque en la Plaza Taksim, no es tan grave. Pero sí la carencia epidérmica de curiosidad, de inquietud y profesionalidad, por tratar de entender y de comunicar, con verdadera ética periodística. Todo se derrumba, menos la voluntad de distraernos, marearnos, dormirnos: se oyen ruidos, hay gente. Algo empieza a arder en los puentes del Bósforo.

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