El cuerpo del país

04/08/2016

Joaquín Pérez Azaústre.

Vamos a imaginar el país como un cuerpo dañado, con su fiebre en las sienes, las muñecas, los tobillos ardientes. Vamos a imaginar ese cuerpo lastrado por cuatro años de diagnósticos fallidos, de abolición de los propios derechos del paciente, como el derecho a ser informado puntualmente de cada paso de su tratamiento, con maltrato continuo hacia los familiares y, lo más importante, hacia el propio cuerpo del paciente. Vamos a imaginar que este hombre o mujer con el torso arrasado, con los pulmones enlodados de aire petrolífero y las cuencas cargadas, con un quebranto interno o con su interioridad quemada, se ve forzada o forzado a regresar al hospital, al mismo servicio de urgencias, seis meses después, porque recae –cómo no va recaer, si el postoperatorio ha sido un desastre- y entonces se vuelve a encontrar con el mismo doctor que le ha causado estas secuelas, en ese estado de cuerpo descompuesto, en el servicio de guardia. Tumbado o tumbada en la camilla, camino del quirófano, se queja, patalea lo que puede y estalla en un griterío blanco dentro del ascensor, cuando proclama: ¿Pero cómo va a operarme este señor, si él ha sido el que me ha dejado así? ¿Cómo va a salvarme este individuo, si cuando yo llegué ya estaba grave, es cierto, pero después de haber pasado por sus manos temblorosas, inseguras y dubitativas, ensimismadas e indolentes, casi me quedo dentro del quirófano, casi ya no hay cuerpo que operar? Pues nada, le responden, esto es lo que hay. Has venido a este hospital, has entrado por urgencias, se te acaba el plazo y no puedes esperar a una tercera consulta ni a futuros diagnósticos: así que este médico es el que te tiene que operar. Y si no te gusta, entonces te devolvemos a tu casa.

Ese es el asunto: el doctor Rajoy, o nada. Menos mal que tenemos también otros doctores en la sala médica, como Patxi López, que nos recuerda lo que no deberíamos olvidar: “¿O Rajoy o terceras elecciones? Eso es chantaje”. Pero también recuerda más cosas: que hace unos meses, por ejemplo, los mismos que ahora exigen a Pedro Sánchez que se abstenga en la investidura a favor del PP, no hicieron lo mismo con el PP cuando fue el PSOE quien se presentó a la investidura, con el apoyo de Ciudadanos. Esto, ahora, se ha olvidado, o se tiene el cinismo de olvidarlo conscientemente. Entonces nadie le reclamó a Rajoy responsabilidad institucional, ni tampoco la necesidad de formar un Gobierno y no llegar a las segundas elecciones. Es como si, pasara lo que pasara, fueran los demás los que tuvieran que plegarse, exigiéndosele aquello que no se le exigió al PP, todavía anegado por las aguas fecales de la corrupción, y presentado, no se entiende con qué improvisados argumentos, como salvador de la patria convulsa.

¿Operar, sí o sí, por el mismo cirujano que ha causado la enfermedad, la infección y el descrédito galeno? Hombre, la simplificación escuece en la retina. El acuerdo actual del PP con Ciudadanos es menos que nada, en relación con los grandes temas que pactaron, en su día, Ciudadanos y PSOE –derogación de LOMCE, ley mordaza o reforma laboral-, es algo así como desear que el paciente se recupere, que lo vamos a intentar, y ya. Nada nuevo sobre la mesa de operaciones, mientras el cuerpo sigue padeciendo. Pero nada, hay que perseverar. Pues bien, olvidémoslo todo, la corrupción y la amputación de derechos, que nombren otra vez al mismo cirujano. A ver cómo se alarga la agonía, esta carnicería del cuerpo y el país.

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