El glorioso ‘NO’ de Sánchez

19/08/2016

Eduardo Romero.

¿Cómo podría cumplir Sánchez su NO a Rajoy, NO encabezar una alternativa y que NO haya terceras elecciones?

En cumplimiento de lo aprobado por el Comité Federal, Pedro Sánchez deberá votar NO en el debate de investidura del candidato Mariano Rajoy, pero además tiene que contentar a [email protected] [email protected], al ‘paje’ García y a los lacayos del PP que le han surgido en su partido. Y a eso se suma que no puede presentarse como alternativa porque no puede pactar ni con Podemos, ni con los nacionalistas, ni con los independentistas, ni cuadran los números.

¿Qué hacer entonces para ser el Jefe de la Oposición, salvaguardar la promesa efectuada de desalojar a Rajoy de la Moncloa, no enfrentarse ni a las fuerzas vivas ni a las ‘guardias viejas’ del PSOE y desbloquear la gobernabilidad de España dejando gobernar al partido más votado?

Lo tiene fácil si sabe resistir las viciadas presiones que, de sujetos de todas las calañas, recibe desde el 20-D.

De momento debe callar y dejar que Rajoy y Rivera lleguen a  acuerdos de investidura después de que ya es irreversible la asistencia del líder del PP al debate del 30 de agosto. Luego preparar un sólido discurso para ese acto solemne donde deje bien claro cuáles van a ser sus líneas como cabeza de la oposición y no caer en la tentación de tratar de zaherir a Rajoy más allá de los imprescindibles toques de castigo que la actitud del nombrado merece.

Y votar que NO en la primera sesión el 30 de agosto.

48 horas después habrá otra votación y en ella Sánchez tiene cinco minutos para fijar su posición en cumplimiento del artículo 171 del Reglamento del Congreso. Esas 48 horas son suficientes para que se deslice la especie de una abstención técnica, reducida tan solo a lo necesario, con el fin de evitar las terceras elecciones.

Y llegados esos 5 minutos previos a la segunda votación, Sánchez debería decir solemnemente que el PSOE se abstendrá no sólo a escondidas (técnicamente) sino en bloque con una sola condición ¡QUE EL CANDIDATO NO SEA MARIANO RAJOY! El PSOE vota NO y… a proceder con el mecanismo constitucional previsto.

La cara de estupefacción de Mariano superaría a la que se le quedó a Simancas el día del ‘tamayazo’; la discípula de Rajoy, la señora Pastor, caminaría cabizbaja hacia La Zarzuela a decirle al Rey que tiene que proceder a una nueva ronda de contactos y vuelta a empezar. Pero ya nada será igual.

¿Podría el PP negarse a presentar un nuevo candidato anteponiendo a Rajoy al supremo interés de España de tener gobierno? ¿Serían los populares los que nos llevarían a unas terceras elecciones?

La postura de Sánchez (y del PSOE) cuenta con innumerables ventajas. La primera es devolver a Rajoy al Registro de la Propiedad de Santa Pola. No es difícil pensar en los millones de españoles que verían con buenos ojos la expulsión de la política de quien fue tibio con la corrupción, machacó a las órdenes de Europa a la clase media española y recortó los derechos laborales y las libertades hasta límites impensables. Hay más millones de españoles contra Rajoy que a su favor. Y todos los diputados, excepto los de su partido.

Los nacionalistas, los separatistas, Podemos y hasta el mismísimo Rivera -que se pasó meses tratando de desalojar a Rajoy y al final se rajó- se retorcerían de gusto en el escaño. ¿Qué mayor lección de humildad podría darse a quienes usaron la mayoría absoluta con indisimulada chulería personificada en ministros como Wert o Montoro?. Y eso por no pensar en el regocijo de personajes populares como Esperanza Aguirre.

Y.. ¿a quién presentar a la nueva investidura? Pues a quien decida el PP, excepto a cualquiera que esté en la lista de los citados en la ya solicitada comisión de investigación del ‘Caso Bárcenas’, Aznar incluido, por si hubiese tentaciones. A alguno de esa gente joven de la que presumen los populares, a alguno acorde con la nueva generación de políticos en edades similares a Sánchez, Rivera, Iglesias, Garzón, etc.

Pero hay más ventajas. En tanto que el Rey procediese a las consultas conoceríamos el resultado de las Elecciones Gallegas y Vascas, lo cual ayudaría a despejar incógnitas, cosa siempre buena.

El hecho de votar NO a Rajoy no dejaría sin valor las negociaciones que hasta el 30 de agosto hubiesen cerrado Ciudadanos y PP, no se perdería pues el tiempo. A fin de cuentas si ningún ser humano es imprescindible, Rajoy es más bien todo lo contrario, prescindible.

El día 2 de septiembre, segunda votación de la investidura, Sánchez puede pasar a la historia como el hombre que liberó a España de un político gris y turbio como Mariano Rajoy, que supo mantener viva la dignidad de los votantes del PSOE, que no tuvo que plegarse a las presiones de los anti constitucionalistas, que supo ser inflexible y generoso tanto en la pasada legislatura como en la presente, que hizo caso del sabio consejo de sus mayores, que atacó de frente a la corrupción endémica de quienes gobernaron al dictado de la Europa más hosca e insensible y que supo sortear la galerna política que azota a España al frente de un maltrecho barco socialista, incluidas las ratas que habitan en sus sentinas, sea todo dicho con la dosis de ironía que el lector quiera aplicar.

Para que todo esto pase, tan sólo se necesitarían tres cosas: La fortaleza de Sánchez, la honestidad del PP de anteponer España a Rajoy y la colaboración de los españoles de izquierdas si una carencia de la segunda nos llevase a las urnas en Navidad. Pero seguramente es mucho pedir. Todo suena a ¡Rajoy, ese hombre!.

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