Los moralistas siempre han considerado el verano como el invierno para el alma. Sin entrar en esas disquisiciones, a uno, que el año que viene va a celebrar sus primeros 25 años de matrimonio (y que dure), le llama la atención un dato: según el Consejo General del Poder Judicial, cuando más demandas de divorcio se presentan es en septiembre y en octubre. Precisamente, los meses posteriores a las vacaciones.
Es lógico, no es lo mismo convivir con una persona que trabaja que estar casi 24 horas al día juntos.
La agencia de viajes Felices Vacaciones ha elaborado un estudio sobre el comportamiento de las parejas en sus vacaciones de verano. Los psicólogos que han participado en este estudio recomiendan no viajar con la familia política. El 80% de los encuestados afirman con rotundidad que no volvería a viajar con los suegros.
En el 40% de los casos, el problema reside en que el destino no se consensuó entre los dos miembros de la pareja. Además, el 67% de los que viajan no tienen siquiera el detalle de preparar algo especial para su pareja. Ni una cena romántica (aunque pueda resultar cursi, siempre funciona), ni un regalo sorpresa. ¡Hay que ser cutre!
Consejo de los psicólogos: cuando viajes con tu pareja, planifica lo que vais a hacer durante las vacaciones, relájate, dedica tiempo para tí mismo, pero sobre todo reserva tiempo para tu familia y, especialmente, sé flexible durante el viaje.
Así es posible que no te encuentres a la vuelta de las vacaciones con la desagradable sorpresa de la separación, del divorcio, o del abandono. ¡Carpe diem!
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