Empezaremos por los factores técnicos, que se reducen fundamentalmente a un gráfico, el del Eurostoxx 50:
El juego del índice paneuropeo con sus topetazos con las resistencias es de libro y se ha cumplido la séptima vez consecutiva que ha retrocedido al no poder superar una de ellas. La perspectiva, no obstante, no es desesperada. Acababa de romper una resistencia, la marcada con línea azul discontinua, y cabe la esperanza de que actúe como soporte. No lo ha hecho en ocasiones precedentes, pero por esperar que no quede…
Con este condicionante, de gran peso ya que se reproduce con mucha similitud en el gráfico de su futuro, lo que ha ocurrido es que el retroceso de hoy ha causado un problema en el gráfico del Ibex, tan pujante hasta ayer:
El desenlace de la sesión ha sido una inesperada envolvente bajista, mal augurio donde los haya, que ha dejado el precio al cierre justo en el nivel de la última resistencia superada y que ahora debería actuar como soporte, un caso idéntico al del Eurostoxx.
¿Alternativas para el índice español? Rebotar ya y hacerlo decididamente para espantar a los augures o prepararse a sufrir, yendo con gran probabilidad a probar la zona de los 8720 puntos. Si una envolvente bajista no se neutraliza al día siguiente, la estadística negativa es demoledora. Y este era el índice más positivo de Europa, en el que se concentra la entrada de la mano fuerte… No ganamos para sustos.
La tónica ha sido parecida en todos los mercados excepto en el alemán, donde los movimientos corporativos han mantenido en positivo al Dax. Un clavo al que agarrarse.
Y ahora vayamos con las excusas, que tienen su gracia. Resulta que el dato del PMI de servicios americano ha salido mucho más negativo de lo previsto. Tan negativo como que no había dado un dato tan malo desde la quiebra de Lehman Brothers. Y se ha montado el revuelo.
Los que en Europa seguían azuzando las alzas en el sector bancario porque la subida de tipos estaba a la vuelta de la esquina, se han visto obligados a reconcoer que no está tan clara la cosa después de este dato, que todo puede cambiar. Y los que ya decían que las cosas no estaban como para subir los tipos, ahora temen lo que tememos todos desde hace tiempo: que la Fed esté dando palos de ciego y que en realidad no tenga ni idea de por dónde vienen los tiros.
Hace ya tiempo que mantengo que la Fed está actuando «a bulto». Supone, de acuerdo con la ortodoxia económica, que no debe mantener los tipos tan bajos más tiempo y está dispuesta a subirlos cuanto antes. El problema es que los indicadores económicos ya no funcionan como funcionaban antes.
¿Por qué? Porque antes todo dependía de las fuerzas del mercado y ahora todo está descabalado por el dinero barato y la «intervención» real de las economías por parte de los bancos centrales. Hay que reinterpretar la estadística y la Fed no ha encontrado mejor agarradera que la siempre inestable y maquillable serie de la tasa de desempleo, desdeñando muchas veces lo que vienen diciendo indicadores de la economía real.
Me recuerda mucho la situación, en peor, que conste, a cuando Alan Greenspan decía aquello de que no era posible lo que estaba sucediendo, con la economía ganando competitividad y productividad sin generar inflación. Eran los tiempos de la irrupción de internet en la vida empresarial y, una vez más, las mediciones «tradicionales» de la economía no cuadraban. Hubo que aprender a reinterpretarlo todo.
Claro que, para bien o para mal, Greenspan era Greenspan, tozudo como él solo pero brillante, y Yellen es Yellen. No hay una cualidad a destacar de la jefa de la Fed y eso produce cierra desconfianza en el mercado.
Total, que hasta hoy estábamos tan contentos de que al otro lado del Atlántico fueran a subir los tipos y hoy parece que nos hemos sumado en tromba a los que consideran que, a lo mejor, no es el mejor momento para hacerlo. Obviamente, la opción de una revisión al alza en septiembre ha perdido enteros a ojos del mercado y eso se ha reflejado de inmediato.
Eso sí, vaya usted a saber si ha perdido enteros o no a ojos de la Fed, que los bancos centrales están cada vez más desprestigiados y con razón. Ahí los tienen, hablando de las nefastas consecuencias del Brexit y, de momento, nada de nada en ninguna parte. A ver qué dice el jueves Mario Draghi, que le toca una de monólogo.
Al cierre, el Dax avanzó un 0,14%, el Ibex perdió un 0,60%, el CAC un 0,24% y el Eurostoxx otro 0,24%. Nada irreparable, la verdad, pero son las formas de perderlo más que las cuantías.
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