Cuando a algunos les conviene se olvidan de la santificada Constitución, que como se ve estos días requiere una reforma tan urgente como poco posible.
A muchos les ha escandalizado que la senadora Rita Barberá, tras ser imputada judicialmente, se haya limitado a darse de baja del partido y haya decidido mantener el escaño. Es una decisión personal de la ex alcaldesa de Valencia y nadie puede hacerla dimitir, ni siquiera la manifiesta pérdida de confianza de las Cortes Valencianas que fueron quienes la eligieron (concretamente los diputados del PP) como senadora autonómica.
Viene todo esto a cuento para recordar un artículo de nuestra Constitución que si no olvidado, sí que es escasamente utilizado, Concretamente el artículo 67.2 que contempla que “los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo”. Sin embargo en cada sesión vemos cómo los portavoces de los diferentes grupos hacen un juego con los dedos indicando el sentido que sus diputados o senadores han de dar a su voto. Son contados los casos de los políticos que se han rebelado ante esta “dictadura” y han pedido libertad de voto o cuando por libre han roto la disciplina de partido (errores en pulsar el botón aparte) han sido sancionados por la dirección del grupo.
El sistema ha querido que esto fuera así pero el sentido común ha impuesto una práctica muy diferente. Es evidente que quien gana los escaños son –normalmente- las siglas de un partido o coalición y que los electos aceptan voluntariamente estas reglas del juego (que de alguna manera es que otros decidan por él), pero también es evidente que el escaño es del parlamentario y no del partido y si éste sale díscolo nadie le puede hacerle renunciar. Claro que el castigo le vendrá después, en las próximas elecciones cuando nadie le ponga en sus listas.
Pero de momento, como en el caso de Rita Barbera, dispondrá de una legislatura para seguir ostentando la condición de senadora.
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