El FMI ha recortado en cuatro décimas la previsión de crecimiento de la economía portuguesa en 2016, hasta el 1%, mientras que en 2017 estima que la economía lusa se expandirá un 1,1%, dos décimas por debajo de la proyección anterior. «La desaceleración económica iniciada en la segunda mitad de 2015 se ha mantenido a pesar de los vientos de cola todavía favorables y a los datos macroeconómicos y a una política macroeconómica propicia», indica.
La institución afirma que el menor crecimiento de las exportaciones, los flojos niveles de inversión, los elevados niveles de deuda corporativa y las limitaciones estructurales frenan el crecimiento del PIB, a pesar de las política monetaria «apropiada» del Banco Central Europeo y de la flexibilidad fiscal establecida desde el 2015.
Así, el fondo advirtió a Portugal de que las dificultades que tendrá para alcanzar el objetivo de déficit del 2,2% con una ralentización en su crecimiento económico. No obstante calificó el objetivo como «apropiado y ambicioso».
Además, los técnicos del FMI consideran «una prioridad» abordar las vulnerabilidades del sector bancario luso, ya que para volver a la rentabilidad y al crecimiento financiero se necesita que los bancos saneen sus cuentas y reduzcan el elevado nivel créditos improductivos que tienen en sus carteras.
La institución también aconseja a Portugal realizar reformas estructurales y revisar su nivel de gasto público, haciendo un mejor uso de las prestaciones sociales y controlando las pensiones y los salarios del sector público.
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