¿Sirve el Número Áureo para invertir en Bolsa?

03/10/2016

Miguel Ángel Valero.

El pensamiento griego, que no en vano es la cuna del occidental, dedicó muchos esfuerzos a tratar de comprender el orden y la composición de las cosas, y descubrieron que las formas perfectas y las proporciones generaban belleza y armonía, pero también eficiencia, al obtener el máximo rendimiento ocupando la menor superficie posible.

En las estructuras naturales aparecen formas básicas, como el ángulo de 120 grados (esencial para la pirámide perfecta, los hexágonos y los triángulos equiláteros). O los cinco sólidos platónicos (tetraedro, cubo, octágono, dodecaedro e icosaedro), únicas estructuras geométricas aparte de la esfera con simetría perfecta en todos sus planos y que componen también la mayoría de estructuras atómicas y cristalinas.

Euclides, en el siglo III antes de Cristo, fue el primero en definir con exactitud el Número Áureo, Basado en el rectángulo perfecto, aquel cuyo lado corto tiene la misma proporción con el lado largo que éste con la suma de ambos segmentos, y cuya estructura puede autoreplicarse hasta el infinito (lo que conocemos como fractal, otra forma básica de construcción en la naturaleza), aparece en obras maestras como el Partenon en Atenas o en la pirámide de Gizeh en Egipto, y en las composiciones musicales de Mozart o Beethoven.

Mediante cálculos geométricos, puede usarse la proporción áurea para crear la espiral perfecta. Así hacen las galaxias, las conchas de caracoles, o la disposición de las ramas en los troncos de los árboles, de modo que se maximiza la captación de luz solar por minimizar las interferencias entre ellas.

En el siglo XIII, Leonardo de Pisa (también conocido como Fibonacci) planteó una sucesión matemática en la que se obtenía un número a partir de la suma de los dos anteriores (0,1,1,2,3,5,8,13,21,34….), como resolución a un problema planteado en la cría de conejos. Se trata de una serie de crecimiento exponencial, con la particularidad de que, a partir del sexto o séptimo número, al dividir los números sucesivos, el resultado se estabiliza en una buena aproximación al Número Áureo

Fibonacci ayudó a descubrir que el Número Áureo no está únicamente en objetos que podemos medir, sino también en los que podemos contar, como la disposición de las flores complejas (como alcachofas, piñas o girasoles) o el crecimiento de algunas poblaciones animales.

Si ha aguantado leyendo hasta aquí, tiene todo el derecho del mundo a quejarse: Muy bien, pero ¿qué tiene que ver todo esto con la Bolsa? Yo podría contestarle. Pero prefiero que lo haga Alejandro Vidal, director de Estrategia de Mercados de Banca March, en un brillante análisis hábilmente titulado “De los girasoles, las galaxias y los rebotes en Bolsa”.

Vidal explica que en el siglo XX, con el desarrollo de los mercados financieros, comenzaron a investigarse los patrones de comportamiento en los movimientos de los precios de los activos. Y cómo la psicología conjunta de los inversores podía contener patrones cíclicos que guiaran esa variación.

Ralph Elliott publicó en 1938 su Teoría de las Ondas, que identifica patrones de ondas en los gráficos de precios, descompuestas en movimientos alcistas y bajistas con cierta periodicidad, tanto en el corto como en el largo plazo. Al estudiar esas ondas, apareció el Número Áureo a través de la serie de Fibonacci.

Son los Retrocesos de Fibonacci. “Si tomamos la serie, descubrimos que la proporción áurea en sentido inverso descompone un retroceso desde un valor en dos tramos: un retroceso del 61.5% desde un número de la serie de Fibonacci lleva al anterior número de la serie, y por lo tanto, un 38,5% adicional lleva a 0”, explica Alejandro Vidal.

“Añadiendo otro punto de simetría, un 50%, obtenemos los puntos conocidos como Retroceso de Fibonacci, en los cuales tienden a formarse puntos de resistencia o de soporte en las cotizaciones”, insiste el director de Estrategia de Mercados de Banca March.

Pese a ser ampliamente aceptada y ser la base del análisis técnico (tan utilizado en la Bolsa), la Teoría de las Ondas no es exacta, y sigue protagonizando encendidos debates entre los expertos.

“Sin embargo, sí nos permite plantearnos algunas preguntas interesantes. El 50% es un punto simétrico muy natural y entendible, el concepto “mitad” es muy evidente. Sin embargo, ¿puede que otros conceptos no tan evidentes, como “bastante” (38.5%) o “mucho” (61.5%), vengan también programados en nuestra psicología colectiva, en base a una de las proporciones y reglas de construcción más básicas en la física y la biología?”, se pregunta Alejandro Vidal.

“Otra reflexión que podría surgir vendría dada por el hecho de ser un número incalculable, por tener infinitos decimales (al igual que el número pi, que determinaría la perfecta cuadratura del círculo)”, añade. El director de Estrategia de Mercados de Banca March deja una pregunta que quizás no tenga respuesta: “¿Será que la perfección es inalcanzable?”.

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