Ante la escasez de referencias, la sesión se ha convertido en un galimatías en el que, sin embargo, parecía claro que los mercados periféricos llevaban las de perder y las Bolsas centrales las del ganar, de forma que el Ibex o el Mib italiano se han pasado más tiempo en negativo que en ganancias y en cambio el CAC lo que hecho al contrario.
Y es que las Bolsas europeas vienen a ser un claro reflejo de lo que podemos apreciar en los países del Viejo Continente: todos estamos esperando a que alguien nos lo resuelva, pero no hacemos nada. Ni el BCE hace todo lo que puede, ni la UE hace todo lo que debe, ni los gobiernos hacen todo lo que se espera de ellos y, por supuesto, los ciudadanos no hacen otra cosa que verlas venir.
Algo así ocurre en las Bolsas, que están a verlas venir por si a alguien le diera de repente por confiar en la economía europea, inundara de dinero el mercado y lo hiciera subir. Eso sí, no hacemos nada por restaurar esa confianza en que las cosas pueden hacerse medianamente bien. Luego nos quejaremos de que Wall Street lleva la voz cantante…
En estas circunstancias, lo mejor que nos ha podido pasar es que las cosas han estado más o menos equilibradas al cierre, a pesar de que al otro lado del Atlántico no han abierto precisamente al alza.
Ya lo ven en este gráfico del Ibex. Poco movimiento y cierre ligeramente negativo, pero sin alarmar.
Al cierre, el Ibex se dejó un 0,32%, el CAC avanzó un 0,12% y el Eurostoxx un 0,12%.