La tasa a los cajeros automáticos apenas genera ingresos reales para los Ayuntamientos

15/10/2016

Miguel Ángel Valero. Los bancos reaccionan introduciendo los aparatos en la entrada de las sucursales o reduciendo su número en la vía pública.

El Ayuntamiento de Madrid no ha sido precisamente pionero ni innovador al proponer en los Presupuestos para 2017 una tasa por los cajeros automáticos “colocados en línea de fachada y a los que solo se tiene acceso desde la vía pública”. Ese impuesto a la banca ya existe en grandes capitales como Barcelona, Bilbao, Málaga, Zaragoza, Sevilla o Valencia.

Barcelona cobra entre 171 euros y 855 euros al año, dependiendo del tipo de terminal y de los centímetros de fachada que ocupe el mismo. Más que la tasa que quiere imponer el Ayuntamiento de Madrid. En Bilbao, las cuotas se fijan en función de la categoría fiscal de la calle, de modo que la tasa anual oscila entre los 4,20 euros y los 126 euros. En Málaga, en cambio, la cuota es fija, con 600 euros al año por cajero. La que más grava los cajeros automáticos es Zaragoza, con 2.235 euros anuales por aparato.

Otras capitales de provincia también llevan tiempo con la tasa a los cajeros automáticos. Es el caso de Las Palmas de Gran Canaria, Ciudad Real, Jaén, Teruel, o Murcia. En la capital canaria el importe de la tasa al cajero automático varía entre los 26 euros y los 430 euros anuales.

La cantidad de la tasa sobre los cajeros automáticos no guarda proporción con la importancia de la localidad. Las dos grandes capitales españolas, Barcelona y ahora Madrid, no son las que más gravan esos aparatos de los bancos en la vía pública. Viveiro, una localidad de dimensión media de Lugo, es la que más cobra por los terminales: 3.000 euros. Y actualizó la tasa este año.

En el Ayuntamiento de Madrid sí son más originales en la aplicación de la tasa. El responsable del Área Económica, Carlos Sánchez Mato, explica que se gravan los cajeros automáticos “colocados en línea de fachada y a los que solo se tiene acceso directo desde la vía pública”, dependiendo del tipo de terminal de que se trate y del distrito o barrio de la ciudad donde se ubique. El importe podrá variar entre los 26 euros y los 742 euros por máquina al año. Sánchez Mato reconoce que la nueva tasa se aplicará a “una cantidad muy limitada” de terminales, mientras insiste en que en ningún caso se debe interpretar como una medida de castigo a la banca.

Galicia es una de las zonas donde más extendida está la tasa. Aparece en grandes ciudades, como A Coruña, Vigo, Pontevedra, Santiago, Ferrol o Lugo, y en localidades medianas, como Lalín, Oleiros, Cambre o la ya mencionada Viveiro.

Servicio necesario

Pero una cuestión es que exista la tasa sobre los cajeros automáticos, y otra bien diferente es lo que ingresa cada Ayuntamiento. Si es que existe esa recaudación. En algunas localidades, sobre todo en Galicia, reconocen que se aprobó el gravamen, pero no se aplica. Bien porque no hay cajeros automáticos en la vía pública, ya que muchas entidades lo que hacen es reinstalar el aparato en la entrada de la sucursal para evitar precisamente ese impuesto, Bien porque el Ayuntamiento renuncia a cobrar al entender que el cajero automático en plena calle es un servicio necesario para sus ciudadanos.

El Ayuntamiento de Madrid contempla recaudar 745.405 euros en 2017, el primer año de funcionamiento de la tasa a los cajeros automáticos.

Bankia, una entidad nacionalizada (y por tanto de todos los contribuyentes españoles, no sólo de los madrileños) será el banco más afectado, al tener la mayor red de cajeros automáticos en la capital. Todavía no ha hecho una estimación del impacto, porque sus responsables quieren esperar a ver cómo queda aprobada finalmente en los Presupuestos municipales. A una entidad con sede en Cataluña y una presencia relevante de sucursales en Madrid la tasa le puede salir a unos 85.000 euros anuales.

La banca se queja, aunque parece renunciar a paralizar la tasa por la vía judicial, porque prácticamente todas las sentencias han sido favorables a los Ayuntamientos. Lo que hará en Madrid es lo mismo que ya ha realizado en otras ciudades: reubicar los cajeros automáticos que pueda en la entrada o en el interior de las sucursales. Y negociar casos concretos muy especiales. En el caso extremo, retirar el aparato, aunque sea una medida que perjudique al usuario.

Lo que está descartado totalmente es repercutir esa tasa en el cliente. “Bastante ruido hizo la comisión por retirar dinero del cajero para los no clientes como para meternos en otro berenjenal”, explica gráficamente un directivo del sector.

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