Acabamos de salir del puente de Todos los Santos y nos acercamos al acueducto de la semana de la Constitución. De vez en cuando esta semana se convierte para muchos en laboralmente estéril (no para el sector turístico, claro) cuando martes y jueves se convierten festivos.
Cada vez que esto sucede el país se paraliza y los sectores empresariales reclaman una solución, petición que los políticos prometen atender. Pero como esta situación se da de tarde en tarde la reivindicación de unos amaina y las promesas de otros se olvidan.
Hubo propuestas de desplazar las jornadas festivas al lunes más próximo para racionalizar el calendario laboral. De buen seguro que estas tesis volverán a resucitarse ahora, pero como la situación no se repetirá hasta dentro de unos años los gobierno de turno pensarán otra vez que hay tiempo para tomar estas medidas y dentro de unos años, cuando el calendario repita esta situación muchos volverán a lamentar el serio perjuicio que para su economía particular y la del país en general representa la semana tonta.
Aunque abordar este problema, por ser de sentido común, era aceptado por todos los partidos, unos por otros, la casa sin barrer.
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