La baronesa Thyssen se siente “acosada” por Montoro

13/12/2016

Carmen Duerto.

sin-titulo-7Aunque las negociaciones para la renovación del depósito de su colección  las lleve el Ministerio de Cultura y con Méndez de Vigo haya buena sintonía, Cervera no entiende que el ministro de Hacienda la «acose». Se siente maltratada y ha condicionado el acuerdo a que dejen de perseguirla por sus problemas fiscales.

En el año en el que Mariano Rajoy fue ministro de Educación y Cultura, 1999, se llegó a un acuerdo con Carmen Thyssen para que cediese gratuitamente su colección particular al Estado español por 11 años, y así poder disfrutarla en las paredes del Museo Thyssen junto a las que el Estado le compró a su marido, el difunto barón Thyssen. Era un acuerdo con vistas a una compra futura. El Estado tenía una década para pensarlo y ahorrar el dinero necesario.

Hace 16 años aún no habían nacido, por maternidad subrogada, las gemelas María del Carmen y Guadalupe Sabina. Tenía a su hijo biológico Borja, que el barón había adoptado y dejado en buena situación, aunque no hubiese conseguido despertar en él una afición por la pintura, o al menos no por la que les gustaba a él y a Carmen. Pasó la década pactada y con la Ministra Carmen Calvo se habló de comprar la colección, según la baronesa la valoraron poco y “no quise venderla”. Llegaron las gemelas a la vida de Tita y al siguiente ministro, a César Molina, le planteó alquilarla y en esas estaban, cuando llegó la gran crisis económica y la ministra Ángeles González-Sinde, que se cargó todas las conversaciones porque la relación era malísima, aún así le llegó a poner encima de la mesa un contrato de alquiler por dos millones de euros, que Tita rechazó. La baronesa no se entendía con ella. A eso se sumó que Gallardón le tocó las cosquillas con el intento de talar árboles en el paseo de Recoletos. Entremedias, y mal que bien, iban renovando la cesión de los cuadros de la baronesa.

Nuevas herederas

Con el nacimiento de las gemelas, hay más herederos. Las niñas ya no cuentan con la gran herencia Thyssen, sino con la que la madre les done. Eso condiciona la cesión: si antes podía haber seguido renovándola «ad libitum», ahora la familia numerosa demanda otras condiciones de cesión y ese reconocimiento social, como hubiera sido un título nobiliario de los que ha concedido generosamente el Rey Juan Carlos al entrenador de la selección de fútbol, a su médico o a sus amigos empresarios, ya no es suficiente. Se comenzó a hablar de compra, pero lo poco que se gustaban González Sinde y la baronesa, además de la crisis económica, enrarecieron las relaciones. Finalmente, la situación económica se interpuso definitivamente porque el Estado no tenía fondos para adquirir una colección de esta envergadura. De las renovaciones anuales, se pasaron a renovaciones semestrales.

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La baronesa, además de verse obligada por sus problemas con Hacienda a fijar su residencia en Andorra, comenzaba a cansarse y a poner encima de la mesa otros condicionantes para renovar la cesión de su colección, que en nada tenían que ver con la pintura, pero sí con su persona y sus problemas con el fisco. Aunque las negociaciones las lleve el Ministerio de Cultura y con Méndez de Vigo haya muy buena sintonía, la baronesa no entiende qel ministro de Hacienda, la «acose». Se siente presionada y maltratada y eso hace que ella condicione su renovación a que Montoro deje de perseguirla por sus problemas fiscales con Hacienda. Si con el gobierno de Aznar, Tita y su hijo habían disfrutado de un acuerdo especial a cambio de sus servicios culturales al Estado, que les permitían estar en España más de los 183 días que se le permite a un residente fiscal extranjero. Ese acuerdo sigue en vigor pero Hacienda no lo contempla “y está implacable conmigo. Mi colección genera anualmente 10 millones de euros de ingresos y esto Montoro no lo tiene en cuenta”, nos aclara la propia Tita.

Y para rematar el órdago, los Thyssen españoles están convencidos de que “el acoso” a Borja es un “Lola Flores” en toda regla. Un aviso para la propia Carmen. Para conseguir liquidez, Borja sacó a subasta su pequeño boceto de Goya, que su padre adoptivo le regaló por su bautizo. No es un cuadro relevante, por eso ha conseguido el permiso de exportación. Se iba a subastar en Londres el día 8. El Estado no ejerció el derecho de tanteo que toda obra de arte de un maestro como Goya requiere para ser sacada de España y vendida en el extranjero, pero a ultima hora Borja lo retiró de la subasta. Con ese dinero en efectivo, Borja podría haber hecho frente a sus obligaciones con el fisco y así rebajar la pena, que previsiblemente incluiría una petición de dos años de cárcel. Y lo peor para Carmen Thyssen no acaba aquí, ya que es posible que a ella también la acusen por la vía penal y también pidan para ella cárcel, como lo hizo la Fiscalía de Madrid para su hijo Borja. Aunque no hay una condena en firme, lo cierto es que ellos se han sentido maltratados por el Estado, que los persigue para que paguen lo que les corresponde porque no está claro que no hayan estado en el extranjero el tiempo necesario para evitar pagar lo que nuestras leyes fiscales demandan a los residentes fiscales en España. También se sienten maltratados mediáticamente, porque se les ha acusado socialmente antes de que haya imputación. Carmen está dolida porque siente que han linchado a su hijo y, por ende, también a ella, sin haber sido aún imputados. Tita pone por ejemplo, cuando Borja dimitió de su cargo en el patronato del museo Carmen Thyssen de Málaga, cuando en un pleno municipal se presentó una moción contra él por estar imputado por delito fiscal, él se adelantó y dimitió, eso a Carmen la dejó tocada.

Lo cierto es que, dado el buen talante del ministro Méndez de Vigo y su continuación al frente del ministerio, los equipos negociadores de la baronesa y del propio ministro habían llegado a un acuerdo bastante inédito para lo que han sido hasta ahora las renovaciones. Habían conseguido un acuerdo por tres años, en el que se contemplaba que Tita pudiera disponer con más facilidad de determinados cuadros por si los quería vender, prestar o colocar en su casa. Mientras que no ejerciera su derecho sobre sus cuadros, podían seguir expuestos en las paredes del Museo, pero si necesitaba liquidez podía disponer libremente de esas obras pactados en el acuerdo.

Hablo en pasado porque ese acuerdo, que ha costado horas interminables de conversaciones, está aún sin firmar por parte de la baronesa «y no pienso hacerlo hasta el 30 de enero. Me he tomado este tiempo para ver qué pasa en esos días porque yo, así, no firmo nada», afirma. «No es justo que me estén acosando de esta forma, después de lo que yo estoy haciendo por la cultura en este país. Estoy dando a ganar muchos millones todos los años gracias a toda la gente que visita mi colección y eso no lo tienen en cuenta. No es justo y me siento acosada, por lo que le están haciendo a mi hijo y a mí», explica.

¿Qué pasará en estas semanas, hasta el 30 de enero, para que Carmen Thyssen firme o no el acuerdo para renovar la cesión de su colección por otros tres años? Lo iremos sabiendo porque, desde luego, ella lo tiene claro: «No firmo nada. Y no quiero poner encima de la mesa las posibles ofertas que he recibido por mi colección. Eso no quiero hacerlo», asegura.

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