La participación de los bancos en la propiedad de las sociedades españolas cotizadas sigue en caída libre. Todo lo contrario que la inversión extranjera, que en 2015 controlaba el 42,3% de la Bolsa (segundo valor más alto de la serie histórica, tras el 43% de 2014) y que en el primer semestre del ejercicio en curso supera el 43,2%, máximo histórico según el Informe de Mercado 2016 de Bolsas y Mercados Españoles (BME).
O que las familias, que tras reducir su presencia en la Bolsa al 24,4% en 2015, ha vuelto al parqué y ya supone el 25,4% de la propiedad de las acciones de las sociedades que cotizan en el mercado español.
Los bancos huyen de la Bolsa. Así lo atestigua un mínimo histórico del 3,6%, tanto en 2015 como en el primer semestre del ejercicio que está a punto de terminar. Las estadísticas de BME muestran que esa participación es apenas una cuarta parte de la que poseían en el año 1992. Precisamente, el primero de la serie histórica elaborada por el Servicio de Estudios de BME.
Ahora, el peso de la banca en la renta variable cae 0,7 puntos respecto a 2014. Y lo hace por dos factores. El primero es la caída de las cotizaciones de las sociedades cotizadas en las que los bancos son accionistas. La participación es la misma, pero ahora vale menos que antes.
El segundo factor es más determinante, ya que supone la continuación de la tendencia desinversora neta en acciones cotizaadas que ha tenido como objetivo reforzar la liquidez y el capital de los bancos para afrontar la situación generada por la crisis financiera internacional que comenzó en el verano de 2007 por el desplome del mercado de hipotecas ‘subprime’ en EEUU.
El único consuelo es que la participación de la banca en la Bolsa española es ligeramente superior a la que tienen sus colegas del resto de Europa, y que ronda el 3%.
Pérdida de peso
Para los expertos de BME, esta pérdida de peso y preeminencia de la banca en los mercados de valores tanto en España como en Europa es «probablemente, uno de los factores que han impulsado a la baja las cifras de intercambio de acciones cotizadas en los mercados».
La razón es doble, según estos especialistas. Los propios bancos han perdido atractivo para muchos inversores como destino de su dinero. Por otra parte, la reducción de su cartera de empresas cotizadas participadas hasta «niveles testimoniales» hace que su presencia en transacciones y operaciuones corporativas realizadas en plataformas de negociación se hayan reducido a mínimos.
También tiene mucho que ver en el escaso atractivo de la Bolsa para la banca la regulación. Basilea III exige mayores consumos de capital a los bancos que mantienen posiciones en determinados productos de inversión. Ese elevado coste de capital «es un factor determinante para expliocar las reticencias de las entidades financieras a participar en la propiedad de acciones de otras compañías», concluye el análisis de BME.
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