Una estrategia industrial anunciada por el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, -quizá de momento la más relevante- y que tiene como objetivo concentrar las inversiones de la industria automovilística estadounidense en su país, se está convirtiendo en un referente para otros partidos ultranacionalistas, como el Frente Nacional de Francia. Y, como efecto contagio, otros candidatos a la presidencia de Francia empiezan a asumir «la necesidad» de proteger las empresas nacionales.
Las decisiones de Ford o Fiat-Chrysler de favorecer a Estados Unidos en detrimento de Mexico -entre otros países-, cuando todavía Trump no ha tomado posesión de su cargo, podría trasladarse en un futuro no lejano a otras naciones productoras, ya sea por respuesta al proteccionismo americano o por compartir los principios de la política nacionalista del nuevo presidente americano.
En este contexto, la candidata a la presidencia de Francia por el Frente Nacional en las elecciones que se celebrarán en mayo, Marine Le Pen, ha señalado que considera la industria automovilística francesa (Renault y el Grupo PSA, básicamente) como un bien nacional y que, por tanto, las estrategias de las empresas deben ir encaminadas a priorizar la producción nacional de vehículos, frente al traslado por razones de productividad o eficacia. La dirigente del partido ultraderechista encuadra esas medidas dentro del patriotismo económico.
Tanto Renault como PSA tienen factorías en España, al igual que Ford, si bien los expertos estiman que en el caso de las empresas estadounidenses (Ford y General Motors) la posible repercusión por políticas contrarias a la deslocalización no sería relevantes en España, mientras que sí lo es para América Latina.
La política defensivade Trump se basará también en la aplicación de elevados aranceles para los automóviles producidos en otros países, lo que afectará además de a las factorías latinoamericanas de firmas que en principio no modificarán sus planes en el continente a las empresas asiáticas.
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