El pacto EE UU-Canadá inundará los mercados de shale oil y gas

31/01/2017

Tania Juanes. La luz verde dada por Trump a la construcción del oleoducto Keystone XL y Dakota Access entre Canadá y Estados Unidos, paralizados por Obama, multiplicará la capacidad de exportación de ambos países de shale oil y shale gas.

Es posible que entre Canadá y Estados Unidos, con la llegada del nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, el clima político y diplomático no atraviese una de las mejoras etapas, si bien en materia energética ambos países comparten objetivos y parecen dispuestos a trabajar en firme en la misma dirección. El tema básico que persiguen las dos naciones es el desarrollo y promoción de la producción de hidrocarburos con tecnologías no convencionales: shale oil y shale gas. 

La pasada semana Trump autorizó la construcción de oleoducto denominado Keystone XL, que transportará la producción de shale de Canadá desde la provincia de Alberta a refinerías de Estados Unidos y hasta Texas -al puerto de Galveston-, un macro plan que contará con una capacidad para transportar el orden de los 830.000 barriles al día.

Otro de los proyectos lanzados desde la Casa Blanca es el Dakota Access, que al igual que el anterior no contaba con el apoyo de Obama por lo que, en este caso, su construcción fue detenida en diciembre pasado. Ahora, con la luz verde, se destaca que este oleoducto transportará hidrocarburos shale desde Dakota del Norte hasta Chicago es la principal vía para Canadá y el primer centro de distribución estadounidense. Ambas canalizaciones se construirán, como ha resaltado Trump, con acero y tuberías producidos en factorías que estén instaladas en territorio de Estados Unidos.

Estas infraestructuras avanzan en un camino que ahora es irrenunciable para los dos Gobiernos, la mayor integración energética entre ambos países ya muy desarrollada, mientras que analistas del sector añaden que uno de los objetivos perseguidos es que esa área geográfica alcance la independencia en ese área energética en un periodo de cuatro o cinco años.

Si bien, Estados Unidos podría seguir importando, como lo hace ahora muy por encima de sus necesidades por la política de evitar las exportaciones y acumular stocks, pero elevaría su grado real de independencia respecto al exterior. Incluso el petróleo y gas shale se perfilan como de las bazas que permitirán a Estados Unidos exportar en cantidades más elevadas que las actuales, ‘salvando’ el `principio de priorizar la seguridad de almacenamientos del país.

Aunque para estos proyectos funcionen con sus parámetros actuales los informes realizados ven necesario que los precios del petróleo se mantenga al menos en los 50 dólares el barril. El panorama del shale está ahora más despejado. Cuenta, por un lado, con un precio del barril que para el europeo Brent se mueve en el umbral de los 55 dólares, suma el decidido apoyo de Trump, así como la reducción de los costes de las citadas tecnologías. El pacto entre la OPEP y otros grandes países exportadores, entre ellos Rusia, ha jugado hasta ahora a su favor.

En este contexto, BP prevé que la producción de shale norteamericana se duplique en cinco años en el caso de que la cotización del petróleo se sitúe en los 55 dólares por barril. Y que esa producción llegue a los ocho millones de barriles al día.

 

 

 

 

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