La Directiva MiFid II impone la transparencia en los costes del asesoramiento financiero

31/01/2017

Miguel Ángel Valero. La mayoría de entidades optará por implantar un modelo “no independiente”, ante las dificultades para el cobro explícito al usuario particular, pronostica un estudio de IEB y EFPA. // Nuevos Modelos de Negocio en el Asesoramiento Financiero tras las Modificaciones Regulatorias de MiFID II

Sergio Miguez, Jesús Sarria, Ángel Faustino y Jorge Ferrer, autores del estudio.

La mayor transparencia sobre los costes del asesoramiento financiero que impone la Directiva MiFid II permitirá al cliente «identificar la existencia de conflictos de interés en la distribución de productos financieros», según el estudio “Nuevos Modelos de Negocio en el Asesoramiento Financiero tras las Modificaciones Regulatorias de MiFID II”, elaborado por EFPA e IEB.

Por primera vez en España, los profesionales del asesoramiento financiero tendrán que cumplir unos requisitos de cualificación técnica y una experiencia mínima antes de sentarse con un cliente. Y deberán realizar una formación continua (o proceso de recertificación).

La mayoría de entidades optará por implantar un modelo de asesoramiento “no independiente”, ante las dificultades para el cobro explícito a los clientes minoristas. En este escenario, el cliente «estará dispuesto a pagar a un asesor, bien de forma explícita (o bien mediante retrocesiones) cuando reconozca el valor añadido del servicio que reciba», señala el informe.

Las EAFI (firmas especializadas en de asesoramiento financiero) «buscarán alianzas y avanzarán en su especialización para afrontar los retos que plantea el cobro directo al cliente», añade.

El estudio señala que una familia con un patrimonio medio de 300.000 euros no podránrecibir asesoramiento financiero independiente “tradicional”. Una comisión de
3.000 euros anuales «no supone una remuneración adecuada para una planificación financiera profesional y responsable con la dedicación en horas, formación y esfuerzo que requiere».

«Teniendo en cuenta que la mitad del ahorro de las familias está invertido en inversiones muy conservadoras, en un entorno de tipos extremadamente bajos y, en un entorno macroeconómico como el actual, una gestión de activos de baja o nula rentabilidad difícilmente permitirá el pago de los servicios de un asesor financiero profesional», subraya.

«El cliente sólo estará dispuesto a pagar si puede reconocer el valor añadido del servicio prestado«, insiste el informe.

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