Justicia o injusticia de los impuestos

09/03/2017

Juan José Martin.

Los impuestos son todo lo contrario a lo voluntario, como su propio nombre indica.  El Estado democrático de Derecho se precia de ser uno de los mejores sistemas de gobierno en el que las minorías no son ignoradas y la mayoría tiene la sensación de gobernarse. Asume dos sistemas de ejercer el poder coercitivo desde el respeto a los valores más importantes.

La pregunta fundamental es el desarrollo de dicha coerción sobre los individuos de los que depende. Esta capacidad es inherente a la concepción misma del Estado, aunque sea con el mero fin de mantener el orden. La respuesta es clara. No siempre ha sido así, antes se ejercía la capacidad coercitiva eliminando a los individuos que no la aceptaban, lo que explica la larga técnica de ejecuciones que la historia humana acumula.

Pues bien, el Estado siempre ha tenido dos enemigos: Los internos, que pugnaban bien por sus ideales contrarias al propio estado o por tendencias excluyentes de ciertos grupos y, de otro lado, los enemigos externos que pretendían anexionar sus territorio o parte de la soberanía del estado a su propio feudo extranjero. El nuevo Estado de derecho que todos disfrutamos es un oasis de paz en la historia, aunque no está exento de enemigos internos y externos con las mismas pretensiones.

El poder del Estado

La forma de ejercer su poder sobre los individuos a los que gobierna es doble. La primera, más patente y comprensible, es la privación de libertad, la reclusión en centros aislados del resto de la sociedad en la que los inadaptados al sistema son apartados de la sociedad. La otra forma que el estado demuestra todo su poder y su fuerza coercitiva son los tributos, cuya denominación a lo largo de la historia ha generado todo tipo de eufemismos: impuestos, tasas, contribuciones…

Los impuestos son una manifestación del poder estatal sobre sus ciudadanos, quizás la única que se ejerce sobre todos los ciudadanos.  Ello se manifiesta de forma preclara cuando alguien postula sobre la posible injusticia de dichos tributos. La respuesta ha de ser rotunda, los impuestos son intrínsecamente injustos debido a que se ejercen de forma indiscriminada sobre todos los ciudadanos. Otra cuestión susceptible de debate seria la forma y la cuantía.

Una de las conquistas -en su sentido más somero- de la materia impositiva, es la obligación que tiene el Estado de informar sobre la cuantía de dichos tributos y su publicidad.  Lo que si nos hemos ganado en el actual Estado de derecho es que nos digan cuento hemos de pagar del impuesto y cuando hemos de pagar impuestos.

De acuerdo con el propio texto constitucional, que establece que todos los ciudadanos de este país hemos de pagar impuestos, se establecen aparte de derechos, una obligación principal. El resto de los condicionamientos se empieza a diluir dentro del inmenso mar de leyes decretos, reglamentos, circulares y otras publicaciones. Como consecuencia de esta diarrea legislativa, el Estado decide que para el ciudadano es más cómodo quitarle el dinero que considere necesario y que puede estar contento con pagar impuestos.

Pagar por adelantado

Hoy, ningún ciudadano es capaz de decir cuantos impuestos paga y porque concepto. Pondremos un ejemplo. Un trabajador con familia y casa hipotecada  no sabe cuántos gravámenes ha de pagar, sea cual sea el sector. Ello se debe a la dificultad de cálculos que hay que realizar, incluso para expertos en materia tributaria a la hora de determinar la cuantía de los impuestos comunes como el IRPF. Las fórmulas de cálculo son imposibles. Por eso el Estado, en su gran magnanimidad, proporciona complejos desarrollos informáticos para confeccionar, por ejemplo, la intrincada declaración de la renta que de otra manera seria imposible determinar el importe a pagar o devolver.

En su capacidad para convencer a la ciudadanía de la necesidad de pagar impuestos, los Estados ya se han ocupado de cobrarlos por adelantado vía retenciones, lo que no deja de ser un eufemismo dada su absoluta desconfianza en el cumplimiento de esta obligación. Las Haciendas no retienen nada, sino que cobran directamente un impuesto que aun no ha tenido tiempo de determinar, por ello cuando se calcula el impuesto sale a devolver.  Lo verdaderamente llamativo es que los ciudadanos se muestran su de lo más contentos cuanto el Estado les devuelve un dinero que se lo ha cobrado.

Si hiciésemos un ejercicio de abstracción veríamos que las retenciones son la forma más injusta e ilegal de los impuestos, que se cobran anticipadamente. El período de pago de la renta se realiza entre mayo y junio, cabe preguntarse el motivo de que el Estado cobre las retenciones en enero. Este aparente sinsentido tiene una fácil justificación que es la mala administración pública, que exige no solo el pago de los impuestos, sino que  calculemos y los paguemos tal y como le conviene.

Las retenciones son ese impuesto latente que adelantamos a la administración, y la forma menos amistosa de pagar. Produce dos efectos muy destacados, una constante presión tributaria sobre el ciudadano, que mes a mes van pagando sin saber si le corresponde hacerlo o no. El otro efecto es la es dejación de funciones de la administración, nombrando recaudadores de impuestos a todos los empresarios de forma gratuita, un hecho insólito debido a que nunca se ha dado la recaudación gratuita de los impuestos en la historia.

Soy perfectamente consciente que es una forma de ver las cosas y este prisma multifacético de los impuestos tiene muchas otras acepciones Circula un video por las redes que pone muy claro los impuestos que pagamos, la pena es que su realización tenga tintes políticos, aunque no por ello se aleja de la realidad.

Juan José Martin. Abogado

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