La nueva política

15/03/2017

Joaquín Pérez Azaústre.

Tengo la impresión, como un relente turbio en la mañana, de que la política se está alejando de nosotros a pasos agigantados. O quizá no sea exactamente la política, sino la percepción de lo que pudo haber sido, como un escenario que gravita entre lonas cambiantes, con una tarima no ya resbaladiza, sino tambaleante, renqueante entre las sombras vulneradas por focos que no tienen muy claro el tronco de la historia. Hasta ahora, al menos, no podemos permanecer ajenos a la sensación de que se está eludiendo la trama principal, para asentarnos en una suerte de codicia argumental mucho más ensombrecida, una especie de titular venido a menos y reconvertido en nota a pie de página, pero con unas pretensiones cada vez menos vagas. Imagino que en Vistalegre 2 se habrán vivido muchas cosas que no han trascendido fuera de lo grandes titulares y los resúmenes más o menos tendenciosos del relato, pero lo cierto es que vivimos asomados a un relativo desaliento informativo, como si las cuestiones que sacaron a la gente a la calle no hace tanto tiempo se hubieran ido apagando en los cajones de una nueva burocracia partidista, camuflada bajo el timbre aturdidor de la política espectáculo. Es un recurso más, estoy de acuerdo: pero va fomentando, también, un cierto cansancio informativo; no solamente un descrédito, que también es probable y muy posible, sino un hartazgo, una clarividencia, sufrida y cotidiana, entre el alejamiento y la liberación.

El asunto, o los asuntos, no eran ni la pugna interna de Podemos, ni la crisis abierta del PSOE, ni la invisibilidad naranja en Ciudadanos. El asunto, más o menos, se podía resumir en recuperar algunos derechos y libertades públicas, juzgar la corrupción como una crisis de Estado, fuera de las pugnas más o menos interesadas y coyunturales, y encontrar un relato común para la política territorial, con una respuesta firma ante los secesionismos artificiales. Eso podría ser un enfoque –y por supuesto que, como éste, muchos más son posibles-; pero, al menos, habría uno, una historia troncal, un guion de trabajo más o menos centrado en lo común, en lo que puede poner de acuerdo a algunas gentes que luego, en los tramos más cortos, no están tan alejadas como pretenden hacernos creer. Esta posibilidad se perdió tras las primeras elecciones generales y ahora está agotada, destruida, con una desbandada social, silenciosa y cívica, que hace que la gente no hable tanto de política en los bares como hace doce meses. Quizá la vida ha vuelto a poner su hierro líquido en la mesa, y cada uno lo forja como puede. Pero algo hermoso y purificador se extinguió antes de prenderse, y ha sido ceniza antes que llama.

¿Te ha parecido interesante?

(Sin votos)

Cargando…