La Sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria (Sareb), más conocida como el ‘banco malo’, perdió 663 millones de euros en 2016 por «los altos costes vinculados al mantenimiento de la cartera y a la venta de activos en minusvalías», pese a que elevó un 1% sus ingresos, hasta los 3.923 millones. En sus cuatro años de actividad, Sareb acumula unas pérdidas de 751 millones.
En la Sareb prefieren destacar que se han cancelado 2.170 millones de la deuda emitida para pagar los activos transferidos y que cuenta con el aval del Estado. Desde su creación, el ‘banco malo’ ha cancelado casi 10.000 millones de deuda.
Tras la aplicación del nuevo marco contable, la sociedad comenzó a dar visibilidad a las minusvalías latentes de su cartera, que al término de 2016 se situaron en 3.389 millones. La venta de activos con minusvalías hace que los márgenes, aunque se mantienen positivos, se deterioren respecto a 2015.
El margen bruto cayó un 46%, hasta los 664 millones. Los costes financieros se situaron en 558 millones. Entre los costes vinculados a la gestión de la cartera figuran las comisiones de gestión y comercialización, con 237 millones; el pago de tributos e impuestos municipales, con 197 millones de euros, o los gastos de comunidades de vecinos y mantenimiento de los inmuebles, 90 millones.
Los recursos propios del ‘banco malo’ ascendieron a 4.049 millones al finalizar 2016, lo que se traduce en «fortaleza patrimonial suficiente para proseguir con su labor desinversora», destaca el presidente de la Sareb, Jaime Echegoyen.
Fuentes de ingresos
La principal fuente de ingresos de la Sareb en 2016 fue la cartera de préstamos a promotores, con 2.846 millones. Prácticamente el 75% de estos ingresos provinieron de la cancelación y venta de préstamos, las iniciativas de colaboración con los promotores a través de los Planes de Dinamización de Ventas, y la venta de los inmuebles que garantizan los préstamos.
La cifra de inmuebles vendidos se incrementó un 25% respecto a 2015, hasta las 14.000 unidades entre residencial, suelo y terciario.
Jaime Echegoyen reconoce que la Sareb tiene un rendimiento «adecuado», pero no «óptimo». «Seguimos buscando la optimización en lo que tiene que ver con la distribución», precisa.