Las inversiones ‘verdes’ ganan atractivo en un contexto de bajos tipos de interés. El trinomio rentabilidad – plazo – volatilidad parece jugar a favor de la economía ‘verde’, respecto a otras alternativas de inversión. En una coyuntura de bajos tipos de interés, la rentabilidad de los proyectos ligados al desarrollo de infraestructuras sostenibles resultan extremadamente atractivos. Es el mensaje del estudio ‘Cinco claves financieras contra el cambiuo climático’
Su director, Manuel Gómez Gutiérrez-Torrenova, del Instituto de Estudios Bursátiles, explica que “existe una substancial prima de rentabilidad por cada euro invertido en el sector verde frente a los tipos de interés de referencia en el mercado a largo plazo». «La principal razón del incremento en la rentabilidad de estos activos es sin duda el alto grado de competitividad de las tecnologías sostenibles”, añade.
Otro factor es el desmoronamiento del tópico sobre que la transición hacia una economía de bajo carbono es muy cara. Todo lo contrario, puede ser «un gran negocio», como se pone de manifiesto en el estudio ‘Cinco claves financieras contra el cambio climático’. «La transición hacia una nueva economía de bajo carbono, lejos de resultar prohibitiva, parece alcanzable e incluso más barata de lo estimado», señalan los expertos.
Existe un importante riesgo, potencialmente sistémico desde el punto de vista financiero, si la adaptación a una economía basada en bajo carbono se produce de manera tardía y abrupta. La necesidad de abandonar el modelo productivo y de infraestructuras basado en combustibles fósiles implicará un «abandono súbito de determinadas tecnologías y modelos de negocio». Esto provocará una «devaluación de activos y empresas que en la actualidad figuran en los balances del sistema financiero»
Auge de los bonos verdes
La irrupción de nuevos métodos de financiación e instrumentos a disposición de los promotores y ejecutores de los proyectos relacionados con las políticas de lucha contra el cambio climático hace que la “financiación verde” suponga una alternativa razonable para organizaciones tanto públicas como privadas.
“El mercado de bonos verdes nació en 2007, con la mayor parte de estos bonos emitidos por el Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional. El mercado de estos bonos ha crecido sistemáticamente desde entones. Con apenas 4.000 millones de dólares emitidos en 2010 hasta cifras cercanas a los 70.000 millones en 2016”, subraya el estudio.
El mercado de capitales también se posiciona ya ante los riesgos y las oportunidades que ofrece el cambio climático y la lucha contra éste. Gestoras y fondos de inversión han comenzado una progresiva “descarbonización” de sus carteras, deshaciendo posiciones materializadas hasta ahora en empresas y activos ligados a actividades y recursos contaminantes.
“Más allá de medidas, más o menos cosméticas, detalladas en las memorias de los fondos de inversión o sus gestoras, se perciben claramente tendencias subyacentes que afectan a las inversiones y marcan el posicionamiento estratégico a largo plazo que irá progresivamente consolidándose en el mercado de capitales”, señala el estudio del IEB.
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