El Popular, sus accionistas y sus empleados, no ganan para sustos. Horas después de desayunarse con el reconocimiento de desajustes contables y de provisiones que suman 630 millones de euros aunque no haya que reformular las cuentas de 2016 (con unas pérdidas de 3.485,36 millones) y que suponen un ligero deterioro de la ratio de solvencia, llegaba la noticia de la renuncia del consejero delegado desde el 1 de septiembre de 2016, Pedro Larena.
Oficialmente, Larena, fichado del Deutsche Bank por el anterior presidente, Ángel Ron, «ha manifestado al presidente del consejo de administración su deseo de cesar en el cargo por motivos estrictamente personales, así como su compromiso de continuar
desempeñando sus funciones hasta que el consejo de administración designe a su sustituto».
La dimisión de Larena no ha sorprendido prácticamente a nadie, sí el momento elegido para comunicarla (el mismo día en que el banco reconocía esos desajustes contables que pueden obligar a presentar pérdidas en las cuentas del primer trimestre). Era esperada por directivos del Popular desde el momento en que el nuevo presidente, Emilio Saracho, fichara como director general adjunto de Presidente y ‘controller’ a Miguel Escrig, con quien trabajó en JPMorgan Chase.
«Ese nombramiento fue interpretado, dentro y fuera del banco, como un recorte de competencias del consejero delegado», señala un directivo del Popular. No obstante, tradicionalmente en el Popular siempre ha habido una separación de funciones entre el consejero delegado y el ‘controller’.
Precisamente, Escrig se perfila como nuevo consejero delegado del Popular. Con 53 años, ha trabajado también en el Banco Santander (donde también lo hizo Saracho). Los últimos 17 años, hasta junio de 2016, trabajó en Telefónica, donde llego a ser director financiero.
Fuerte castigo en Bolsa
Toda esta situación hace que el Popular vuelva a ser el valor más castigado del Ibex 35 en lo que va de año, desbancando a Técnicas Reunidas. La cotización ha llegado a sufrir bajadas del 11%, perdiendo la cota de los 0,9 euros por acción, y la barrera de los 3.500 millones de valor en Bolsa.
La acción del Popular vuelve a niveles del 3 de febrero, cuando anunció unas pérdidas récord en 2016, y se colocaba en los 0,87 euros
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