‘Ushuaia’: El poder de la palabra

06/04/2017

Luis M. del Amo. Alberto Conejero lleva al Español la odisea de un hombre, José Coronado, cercado por sus recuerdos.

Fotos: Javier Naval (Teatro Español)

Ushuaia supone el último éxito del joven dramaturgo Alberto Conejero, uno de los más aclamados de la última hornada de escritores teatrales. Después de su éxito con obras como La piedra oscura o Cliff, Conejero coloca este texto teatral en El Español, el teatro madrileño de titularidad municipal, en esta ocasión con este homenaje a la palabra, que llega además en plena polémica sobre el destino de Las Naves del Matadero, el otro gran espacio municipal, del cual quiere desterrar el Ayuntamiento el teatro de texto, y dedicarlo exclusivamente a lo que confusamente denomina ‘artes vivas’.

En cualquier caso, y totalmente aparte de esta polémica, el texto de Conejero supone una reinvindicación del arte de la palabra. Con palabras, llenas de fuerza y elegancia, teje este dramaturgo natural de Jaén, y cercano a la cuarentena, la tela en la cual se enredarán los espectadores y en la cual vive, ya enredado, Mateo, el protagonista de la historia, interpretado por José Coronado.

Este protagonista, arrinconado en vida por un oscuro secreto, se ha retirado a Ushuaia, el punto más austral del planeta, en la remota Tierra del Fuego argentina, desde la lejana Europa, huyendo de un pasado que lo atormenta y lo aleja del resto de los seres humanos. Allí, Mateo se dedica a cultivar sus recuerdos, y a pasear por un bosque poblado de fantasmas, y en medio del cual aparecerá Nina, aparentemente para ayudar a este hombre, ya cercano a la vejez, y sacarlo de su aislamiento.

En la solitaria casa, con estancias prohibidas, la joven irá desentrañando el pasado de este hombre de hielo, que fue una vez capaz de enamorarse apenas de un fantasma, tejido de palabras, en medio de un desastre que el hombre no ha logrado olvidar.

La obra, un caramelo que requiere sin embargo de una férrea mano que evite sus trampas, ha contado con la dirección de Julián Fuentes Reta. El zaragozano, que tuvo ya entre sus manos, y salió victorioso, un texto que combinaba diversos tiempos escénicos, en la premiada Cuando deje de llover, da en Ushuaia todo el protagonismo a la palabra. Construye para ello un escenario donde apenas destacan cuatro árboles – el bosque –, una mecedora y una pantalla en el foro.

Con estos elementos, y la excelente interpretación de los actores, la obra va desgranado poco a poco su significado, no siempre desvelado por su primera apariencia, y ganándose progresivamente al público, hasta llegar a un final realmente poderoso, cargado de emoción, pleno de significado y, literalmente, de luz.

Coronado, espléndida madurez

Hay que hablar además de la interpretación de los actores, empezando por un José Coronado en espléndida madurez, con dominio de sus recursos expresivos, singularmente la palabra, y que dota con su presencia de gran verosimilitud a la criatura concebida por Conejero, un ermitaño que mezcla las obsesiones del Capitán Ahab de Moby Dick con las culpas que arrastra en su memoria la vieja Europa. Sin embargo, tanto la voz de Coronado como la de los demás actores, está amplificada en este montaje, a través de la megafonía del Teatro Español, ignoro porqué.

En cuanto al resto de los actores, hay que destacar la labor de Ángela Villar, en su papel de Nina, efectiva y siempre ajustada a los mecanismos que requiere dar vida a esta mujer que logra ablandar el corazón del monstruo; así como de Daniel Jumillas, también eficaz en el papel de Matthäus –si bien en su caso sobran algunas interjecciones, en particular algunos reiterativos ‘vale’, añadidos quizás por él mismo a un texto en el cual sin duda desentonan –; mientras que la cuarta en discordia, Olivia Delcán, se muestra aún verde, especialmente en el apartado vocal, si bien ofrece una imagen muy adecuada a la fantasmal Rosa.

En suma, una obra muy recomendable, en la cual brilla, por un lado, el texto de Alberto Conejero, uno de los jóvenes valores de la nueva escritura teatral española, y que cuenta además con una ajustada dirección; por lo demás bien interpretada en su conjunto por un reparto encabezado por un excelente José Coronado.

Una oportunidad de deleitarse con un festín de la palabra. No se la pierdan.

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