Esprit de Corps

13/04/2017

Antonio de Oyarzábal. Embajador de España.

Perdónenme si por una vez y sin que sirva de precedente, incurro en el feo vicio de la auto-complacencia, del auto-bombo, ese pecado tan próximo a la soberbia como alejado de todo pudor de inelegancia. Al menos no es auto-bombo personal, sino de eso que nuestros mayores llamaban “Esprit de Corps”, cuando el francés era el idioma por excelencia de la “Carriére” para regocijo burlón de algunos.

Porque resulta que en el fragor de tantos acontecimientos que se suceden en el convulso plano internacional, han pasado percibidos pero apenas apreciados dos importantes “hechos relevantes” que han subido al marcador como sendos puntos a favor de España, dos cumplidos éxitos diplomáticos que se apuntan con todo merecimiento el conjunto de nuestros compañeros que, siguiendo instrucciones llevan años preparando el terreno de lo que consideramos ” posiciones inalienables de los intereses nacionales”. No se trata de campañas súbitas, gestiones puntuales ante tal o cual evento o declaración,- que también -,sino de esa labor callada y constante de preparar el terreno, de explicar en toda ocasión propicia las razones que nos asisten, de ganarnos la simpatía de los foros extranjeros donde se nos supone que debemos movernos por profesión y vocación.

Me refiero por una parte a ese respaldo unánime que, en momentos tan decisorios como la adopción de posiciones comunes de partida ante el fenómeno del “Brexit”, nos han deparado los veintisiete socios de la U.E.en el llamado “contencioso de Gibraltar”.Y de otra, al fulminante”rayo jupiterino” de la Embajada de EE.UU. en Madrid tras las andanzas norteamericanas del Muy Honorable President Puigdemont ( actitud reforzada además por la declaración aclaratoria del ex-Presidente Mr.Jimmy Carter y su Fundación de Mediaciones Internacionales).

De la primera es de destacar no ya el aparente olvido del Peñón en la carta-solicitud de divorcio de Mrs. May – a cualquiera le puede pasar, pero ¡ a la aguerrida diplomacia británica ! – sino sobre todo el templado y medido posicionamiento oficial del Consejo y del Parlamento Europeo, dejando claro al respecto que cualquier solución que se adopte para esa colonia británica en la punta meridional del Continente habrá de pasar indefectiblemente por la aprobación y el acuerdo previo entre España y el Reino Unido.No es fácil que esta firme actitud y doctrina sea adoptada por unanimidad de nada menos que veintisiete miembros restantes de la Unión una vez que se produzca la salida de Gran Bretaña, sin cuestionamiento alguno, sin que le tiemble el pulso ni siquiera a esos tradicionales amigos de Londres, que también los tiene.¡ Y el Sr. Picardo, Ministro Principal de la Roca puso el grito en el Cielo ! ¡Y la tan alabada flema británica cambió de bando !

¿Y qué decir de los esfuerzos del Govern por concitar apoyos internacionales en su “procés” secesionista ? Solo cabe un calificativo a la vista de los resultados cosechados:esfuerzos patéticos. Para colmo, los responsables de la campaña catalana se han sacudido el mochuelo del ridículo alegando que tanto la Nota de la Embajada como la de la Fundación Carter son fruto de las presiones del Gobierno Central de Madrid.¡ Pues claro ! ¿Qué creían, que los funcionarios diplomáticos en el exterior iban a pedir vítores y plácemes a las respectivas cancillerias extranjeras ? Pero en todo caso, una respuesta tan pronta y contundente de una Embajada no se logra sin tener bien cebado y preparado el terreno, si el correspondiente Ministerio o Secretaria de Estado del país en cuestión no hubiera impartido a la Representación  instrucciones claras y precisas, cuando como es el caso, ni siquiera hay todavía un titular de la Embajada ni la nueva Administración de Washington haya querido querido ganar tiempo para “reconsiderar” actitudes o políticas previas.

Pero dicho todo esto con la satisfacción que corresponde, no hay tampoco que engañarse :ni los negociadores ingleses van a quedarse de brazos cruzados, ni los intentos de la Generalitat por toparse con algún apoyo internacional que, por acción u omisión, por mera ignorancia o malquerencia, pueda resultar  en un reconocimiento de un referendum decisorio, o eventualmente de una declaración unilateral de independencia, van a cesar. Y por tanto el ojo avizor debe seguir siendo la consigna vigente de nuestras Representaciones en el exterior, el “santo y seña” de a cuantos quepa hoy el honor de representar a España en tierras foráneas.

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