Banderas a media asta

17/04/2017

Josep M. Orta.

Cuando se mezcla religión y política me pongo a temblar, por esto el tembleque es para mí un estado casi natural. Ahora el yihadiasmo mata en nombre de. Ala como no ha mucho la inquisición mataba en nombre de Dios y también en nuestro país no ha mucho hubo una guerra fratricida que los vencedores calificaron de cruzada.

Ya se sabe que la Constitución sirve para un roto y un cosido. Unas veces se toma al pie de la letra y otras se la retuerce para hacerle decir lo que interesa al grupo dominante. Pero este texto sacralizado por los principales partidos españoles asegura que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Cuando uno lo relee no sabe si llorar o reír.

Uno ya no se sorprende cuando desde el ministerio del Interior se conceden medallas a determinadas vírgenes -no a comunidades religiosas cuya labor a veces es socialmente admirable- vete a saber a santo de qué (claro que si hay ángeles que ayudan a aparcar a determinadas autoridades…). Y para acabarlo de arreglar a uno le llena de estupefacción que la ministra de Defensa haya decretado banderas a media asta en señal de duelo por una persona que murió hace más de dos mil años.

La sociedad española ha convertido la semana santa en unos días de asueto para gozo del sector turístico, son unos días muy ricos en tradiciones y con un patrimonio cultural que se ha de preservar, desde las procesiones hasta la gastronomía. Pero de aquí a poner las banderas a media asta hay un techo. Si esto se hace públicamente sin ningún rubor uno no puede menos que preguntarse que pasará en los beneficios que obtiene la iglesia de un estado laico en temas mucho menos públicos, como las inmatriculaciones con los que la Iglesia logra apropiarse de unos edificios sin más aval que su palabra.

Vale más no pensarlo.

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