
Theresa May
La primera ministra británica, Theresa May, ha anunciado este martes que solicitará al Parlamento la convocatoria de elecciones anticipadas para el próximo 8 de junio y ha asegurado que el país necesita estabilidad en una inusual comparecencia frente a su residencia en el número 10 de Downing Street.
May solicitó formalmente a la Unión Europea el inicio de las conversaciones para el Brexit el pasado 29 de marzo, después de que los británicos decidieran en el referéndum del 23 de junio de 2016 por un 52 por ciento que querían abandonar el bloque.
Desde el Gobierno, se había descartado en todo momento la convocatoria de elecciones antes de la siguiente cita con las urnas, prevista para 2020.
Las comparecencias frente a Downing Street suelen reservarse para hacer grandes anuncios. May solo había hablado desde aquí tras suceder a David Cameron como primer ministro, mientras que éste hizo desde aquí el anuncio de su renuncia tras el fracaso del referéndum sobre el Brexit.
Freno a la independencia de Escocia
La declaración realizada por Theresa May en Downing Street supone ya el primer acto de la campaña electoral, ya que ha acusado a los liberales-demócratas y, sobre todo, a los nacionalistas escoceses (que han aprovechado el Brexit para reabrir el debate sobre su independencia), de debilitar al Reino Unido. También ha ‘disparado’ contra los Lores, as los que reprocha que entorpecen su estrategia de negociación del Brexit.
La primera ministra británica pedido el voto a los conservadores para tener mucha más fuerza ante la Unión Europea. Según May, «mientras el país está uniéndose ante el Brexit, Westminster sigue dividido».
May cuenta ahora con una mayoría muy reducida, 16 escaños sobre los 650 existentes en la Cámara de los Comunes, lo que facilita una rebelión de cualquiera de las facciones de los ‘tories’, ya sea la más pro-europea o la más aislacionista, y dejar al Gobierno en minoría a la hora de ratificar el acuerdo que alcance con Bruselas.
La primera ministra busca una mayoría mucho más amplia (algunas encuestas le dan más de 450 diputados, lo que supone un cómodo colchón de un centenar de ‘comunes’), para no depender de los extremos del Partido Conservador. Para ello, debe arrastrar a los votantes pro-Brexit desencantados con Ukip, y convencer a los británicos más europeístas de que el proceso no ha dañado la economía del Reino Unido.
Se arriesga a, como su antecesor, perder la apuesta. Unas elecciones anticipadas pueden reforzar al discutido líder laborista, Jeremy Corbyn, o que el Partido Conservador arrebate muchas circunscripciones a esta formación. También puede provocar una resurección de los liberales-demócratas, que podrían recuperar algunos de los escaños que perdieron ante los conservadores en las elecciones de 2015, especialmente en zonas con mucho apoyo por seguir en la UE. Pero este grupo apenas cuenta ahora con 9 parlamentarios.
Sólo un gran ascenso de los liberales y un mantenimiento del voto laborista, junto a la confirmación del dominio nacionalista en Escocia, puede poner en peligro la mayoría de los conservadores, obligando al Gobierno a un divorcio más suave con Bruselas.
Si sale la apuestra de May, la nueva legislatura durará hasta 2022, lo que permitirá a la primera ministra a negociar con renovadas fuerzas el Brexit (que debe estar resuelto en 2019) y sobre todo a controlar con mano férrea el posterior y trascendental periodo de implementación del proceso de abandono de Europa.
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