Tecnología: ¿Queremos ser dueños de nuestro futuro?

19/04/2017

Francisco Canós.

La humanidad es humanidad por la tecnología. Quien domine la tecnología, dominará la humanidad. Es así de sencillo. La tecnología está detrás de las cuevas de Altamira, del arco y de las flechas, de la biblia de Gutenberg y del periódico digital. Detrás del ordenador, del iPhone y de las redes sociales. Está en la ropa que llevamos, en la comida
que comemos o en la energía que consumimos. Si hay algo que genuinamente nos distingue de otros seres vivos, o incluso de otras sociedades humanas “menos avanzadas” es la tecnología. Y lo más inquietante que nos ha dejado la Historia es que el futuro será de quienes creen, posean o dominen la última tecnología. ¿Queremos ser dueños de nuestro futuro o ser arrastrados por él? ¿Cuál es la situación y qué podemos hacer?

¿Quién domina la tecnología hoy en día? Si queremos tener una idea sobre cuál es la situación podemos enfocarlo desde distintos ángulos. Si echamos un vistazo al “Bloomberg Innovation Index” veremos algunos datos que creo interesantes. Finlandia tiene más gente que nadie trabajando en I+D. En concreto 7,482 personas por cada millón de personas. El siguiente es EEUU a gran distancia (3,979). Corea del Sur lidera el top 5 de patentes con Japón, China, EEUU y Alemania en los cuatro siguientes puestos. De las 10 compañías tecnológicas más grandes por capitalización bursátil sólo una no es de los EEUU. ¿Les suenan? Apple, Microsoft, Cisco, Google, Facebook,

Oracle, Qualcomm, Intel e IBM. La única de fuera es Tencent (China). Este índice, tan bueno o tan malo como cualquier otro, destaca la combinación de 6 factores (I+D, Fabricación, Compañías Hi-Tech, Educación, Investigadores y Patentes). Sitúa a España en el puesto 23 por debajo de Alemania, Finlandia, Suecia, Francia, Reino Unido, Dinamarca, Noruega, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda e Irlanda, por citar sólo a nuestros colegas europeos. Si uno se fija un poco más, lo que nos dice este índice es que si tuviéramos mejor I+D, más gente dedicada a la investigación, y más patentes, estaríamos bastante más arriba en la escala. En el fondo, estos tres elementos podrían formar distintas caras de una misma moneda. Incluso el cuarto elemento que nos penaliza, la falta de compañías de Hi-Tech, podría ser consecuencia de la falta de empuje en los anteriores tres elementos.

¿Qué podemos hacer? ¿Que inventen ellos? ¿Renunciamos a ser dueños de nuestro futuro? El otro día escuché a un cantante de rock-and-roll de cuyas canciones soy seguidor, que cada cual debería ser capaz de ser dueño de su propio destino. En mi opinión, uno es dueño de su propio destino cuando está en la situación de poder decir que no y asumir las consecuencias de tal decisión. ¿Lo estamos? Si no formamos parte del pelotón de cabeza de quienes dominen la tecnología, ser dueños de nuestro destino tiene pinta de ser un buenismo utópico. ¿Dónde y cómo se cocina esta tecnología? Creo que todo el mundo tiene al Silicon Valley en su lista de candidatos.

Recomiendo un interesante análisis de la Deloitte University Press sobre el particular denominado “How to innovate the Silicon Valley way” (lo que vendría a ser “Cómo innovar a la manera del Silicon Valley”). Que es una fuente indiscutible de innovación tecnológica a nivel mundial, no lo discute nadie. Sin embargo, ¿qué hace que lo sea? Entre los motivos principales destaca la existencia de un ecosistema que incluye la presencia de universidades de talla mundial, de gigantes tecnológicos, una abundancia de Capital Riesgo, y un caldo de cultivo para un talento super competitivo que celebra tanto los éxitos como (y esto es importante) los fracasos.

Aparte del Silicon Valley, en el mundo existen una serie de centros regionales de excelencia tecnológica (Hubs en inglés). Por ejemplo, Nueva York para tecnología financiera (Fintech), Tel-Aviv para seguridad tecnológica (Cyber- Technology), Austin (EEUU) para salud digital, etc. También hay algunos en Europa en París, Londres o Berlín. ¿Qué tienen y que nos falta? Lo primero voluntad de creación. Las cosas no suceden por generación espontánea, y generalmente nada es por casualidad. Esta voluntad tiene que tener aparejada una gran claridad de objetivos a conseguir
y qué dirección se desea seguir. No basta con decir que uno quiere un centro de innovación, poner la primera piedra, hacerse fotos, cortar una cinta inaugural o asignar un presupuesto inicial. Eso sin más, nos llevará como ya tenemos amplia experiencia al fracaso, a tirar el dinero, a la frustración de la empresa empezada e inacabada que tanta rabia y recursos malgastados ha producido hasta ahora.

Dos instituciones diferentes (Bloomberg y Deloitte) llegan a conclusiones similares. Sin un ecosistema eficiente que catalice el talento, las cosas no funcionan. ¿Lo tenemos en España? Claramente no. ¿Lo podemos tener? Fácil no es, pero como diría un buen gallego, depende. Intentemos analizar someramente lo que ha surtido efecto afuera y veamos si eso se puede aplicar aquí, o por extensión en Europa.

Empecemos por las Universidades, que se suponen son unas de las fuentes de talento e investigación que deben alimentar un buen ecosistema tecnológico. Veamos qué hay allá, y qué hay aquí. Alrededor de la zona de influencia del Silicon Valley destacan Stanford University (segunda mejor del mundo según QS World University Rankings 2016-2017), y California Institute of Technology (Caltech, la número 5 según el mismo ranking). Podría citar también a Berkeley o UCLA (de grato recuerdo para mi). Algunos datos para comparar. Stanford tiene 4,140 profesores, de los cuales prácticamente la mitad son internacionales. Tiene unos 15 mil estudiantes, de los cuales casi 3,500 son
internacionales. En España, la media de estudiantes internacionales no supera el 3% según la UNESCO. No estamos hablando de estudiantes de intercambio. Estamos hablando de los que eligen España para cursar sus estudios completos.

Nuestra mejor universidad según el índice Shanghai, la Universidad de Barcelona, tiene unos 9,000 estudiantes extranjeros de un total de 69,000. Este año se incorporan unos 1,700 más, de los cuales más de mil son Erasmus o similares. Si mantenemos la misma proporcionalidad para los que ya están, vemos que las cifras de estudiantes a tiempo completo estarían en el entorno de los 3,500, lo que supondría un 5%. Muy por encima de la media española, pero muy por debajo de la de Stanford con un 22%.

Más datos demoledores: la facultad de Stanford y sus ex-alumnos (alumni) han fundado compañías que generan más de 2,700,000 millones de dólares ($2,7 trillions) en ingresos anuales, lo que equivaldría a la décima potencia mundial.

En Stanford se han graduado más de 30 “billionaires” (vivos actualmente), 17 astronautas o 20 ganadores del premio Turing (el Nobel de las matemáticas), además de 60 premios Nobel. ¿Queremos seguir comparando? Por cierto, Stanford fue fundada gracias a una donación en 1885 por Leland and Jane Stanford en memoria de su único hijo, fallecido por tifus. Leland Stanford hizo una gran fortuna con los ferrocarriles, coetáneo de nuestro Marqués de Salamanca, después llegó a ser Gobernador de California y Senador de EEUU. ¿Les suena familiar? Uno nos dejó un barrio pudiente, el otro les dejó una Universidad.

El mensaje es claro, las cosas no suceden porque sí. Dejaremos para otro día el analizar otros elementos de este ecosistema tales como el capital riesgo necesario, los gigantes tecnológicos y el recurso que más tenemos, el talento.

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