Manuel Moix, uno de los nuestros

21/04/2017

Joaquín Pérez Azaústre.

Cómo no van a tener una sensación de impunidad, de un poder omnímodo en las sombras que hacen y deshacen la realidad encendida, si pueden elegir al juzgador. No os preocupéis: nombremos Fiscal General Anticorrupción a Manuel Moix y continuemos con el habitual saqueo. Es lo que se desprende de la revolución, este martes, del cuerpo de fiscales de Anticorrupción –todos sus subordinados, menos uno- ante las opacas maniobras del Fiscal General, invocando el artículo 27 del Estatuto General para no seguir una instrucción de Manuel Moix destinada a paralizar un registro del caso Lezo.

No os preocupéis, respiremos tranquilos: es lo que viene a decir, más o menos, Ignacio González a Eduardo Zaplana, en una conversación telefónica sobre el nombramiento de Moix. Es un hombre sensato. Es uno de los nuestros. Lo está demostrando, y a conciencia: lo que puede querer decir, en este caso, sin un gramo estimable de conciencia. Así Susana Díaz, ya ejerciendo como candidata a la secretaría general del PSOE y uniéndose a Unidos Podemos y Ciudadanos, ha manifestado que “El fiscal jefe de Anticorrupción no puede seguir ni un día más al frente de su cargo”.

¿Qué ha ocurrido aquí? En la nota emitida por la Fiscalía General del Estado, se trata de “diferencias técnico-jurídicas”, entre casi todos los fiscales y el Fiscal General Anticorrupción, oponiéndose a él. El registro en sí, en la filial Inassa, vinculada al Canal de Isabel II para su negociado en Latinoamérica, se había añadido al dispositivo de la Operación Lezo: una operación instruida por el juez Alejandro Abascal -como refuerzo del juez Eloy Velasco-, que ya fue considerado en su momento muy próximo al PP.  Abascal, también en contra del criterio de los demás fiscales, apartó de la investigación principal un desvío de fondos de Inassa en Colombia, en 2001. Pero los fiscales Carlos Yáñez y Gemma García recurrieron esa medida, y la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional se pronunció a favor de ellos. Sin embargo, tras ser nombrado Fiscal Anticorrupción, Moix se ha empeñado en bloquear el registro de Inassa. ¿Por qué? Si se vincula con la trama principal, la gestión de Alberto Ruiz Gallardón al frente del Canal de Isabel II se incorporaría a una investigación que incluye, entre sus delitos, la acusación de organización criminal. Y apartar las palabras “organización criminal” de la causa parece ser una de las preocupaciones fundamentales del Fiscal General Moix.

Cuando todavía no había sido nombrado, Ignacio González habló por teléfono con Eduardo Zaplana y le dijo que la futura designación de Moix era un acierto, y que él mismo ya lo había intentado en 2014, para solventar sus problemas con el ático. Al hacerse pública la charla, la Unión Progresista de Fiscales lo denunció al Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, pero Manuel Moix, finalmente, fue elegido en febrero.

Conocíamos a Moix: en abril de 2015, siendo entonces fiscal jefe de Madrid, ordenó al fiscal Carlos García-Berro dejar en libertad a Rodrigo Rato antes de que el Servicio de Vigilancia Aduanera terminara sus inspecciones. Los fiscales protestaron. Y ante la huida motorizada de Esperanza Aguirre, Manuel Moix se negó a acusarla de un delito de desobediencia civil, dejándolo en una mera falta, sin ningún recorrido penal.

Todo queda en casa, en la familia. Como diría uno de los más recientes y entusiastas comunicadores del Partido Popular, el dicharachero Bertín Osborne, el juez Manuel Moix parece ser “un auténtico fenómeno” en la modalidad de juzgador a la carta. Si todo esto es, como parece, cierto, Manuel Moix ya debería haber dimitido.

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