La presunta reforma fiscal de Trump no provoca entusiasmo en Wall Street. Los índices americanos acogieron con frialdad las medidas que pretenden tomar.
La verdad es que no me extraña en absoluto la reacción de los mercados a lo presentado. Esto, le pese a quien le pese, no es un plan. Es un montón de medidas inconexas (bueno, tampoco tantas, que cabían todas en un folio) que afectan a varios impuestos y no una ley global de reforma. De momento, por tanto, es papel mojado. Un puro ejercicio de voluntarismo (si no lo es en realidad de populismo y demagogia).
Llevamos meses esperado a la Madre de Todas las Reformas Fiscales y lo que tenemos encima de la mesa es un puñado de medidas más o menos bienintencionadas pero de complicada aprobación en la Cámara y el Senado.
E incluso todo lo presentado carece de concreción. Por ejemplo, ¿con que tasa se gravará a los capitales repatriados? Se ha hablado de una especie de amnistía fiscal, pero no se ha pormenorizado demasiado. Seguramente, porque los pormenores no están fijados aún, a la espera de una negociación con el partido republicano.
No es de extrañar que el mercado se lo haya tomado así:
La vela dejada por el S&P 500 es fea de solemnidad. Más fea que pegar a un padre con un calcetín sudado. Y parece claramente el resultado de un primer momento de euforia hasta que realmente se analizó lo presentado. Eso y nada, prácticamente lo mismo. Queda lo que hasta ahora Trump nunca logra: que se apruebe. Claro que para eso primero tendrá que concretar más de mil «detallitos tontos».
Al cierre, el Dow Jones bajó un 0,10%, el S&P 500 un 0,05%, el Nasdaq 100 un 0,13%, el Nasdaq Composite un 0,0044%, el Nyse Composite un 0,09% y el Russell 2000 subió un 0,59%.
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