Manuel Fraga aseguraba cuando alguno de sus correligionarios gallegos era pescado en pecado que “si a Jesucristo le salió un Judas, ¿cómo no nos iba a salir a nosotros?
El problema es que en España parece que los Judas proliferan más que las setas aunque se pretenda minimizar el problema reduciéndolo a personales manzanas podridas.
Que haya más de quinientos altos cargos del PP implicados en casos de corrupción debe hacer pensar que algo no funciona en el partido. Cuando se ha empezado a investigar se han detectado numerosas las irregularidades en la financiación del partido y sospechosos enriquecimientos de determinadas personas.
También el PSOE, PSC, CDC o UDC se han visto salpicados en casos de corrupción. El problema ha afectado prácticamente a todos los partidos que han ostentado poder y muchos sospechan que si no han surgido más casos es por falta de interés en detectarlos, sobretodo a nivel municipal. Incluso hay quien sospecha que el problema es mucho más extendido y algo habitual en la vida política y sólo ha aparecido la punta del iceberg.
Pero para que haya corruptos ha de haber corruptores. Durante el juicio del caso Gurtel se hicieron afirmaciones señalando que los favores al partido a cambio de concesiones de obra pública era un sistema habitual en los concursos. Son pocos los empresarios que han confesado que las donaciones a los partidos o a sus “conseguidores” no eran precisamente altruistas.
Vamos a Hacienda, que periódicamente reconoce que miles de millones se escapan del control del fisco. ¿Qué hacen los inspectores? A veces se tiene la impresión que las investigaciones obedecen más a criterios políticos que fiscales.
La justicia también está bajo sospecha. Recientes actuaciones del ministerio fiscal ponen en entredicho la imparcialidad de sus actuaciones, así como determinadas actuaciones policiales falsificando pruebas con la inestimable ayuda de determinados periodistas. O la credibilidad que algunos jueces otorgan a la versión policial de determinados sucesos (por ejemplo las denuncias de malos tratos en la comisaría o determinadas detenciones en algunas manifestaciones).
Son muchos los problemas que ponen en cuestión el buen funcionamiento del sistema y empieza a ser urgente que todos los estamentos pasen por un profundo ITV que conlleve importantes correcciones si no queremos convertirnos en una monarquía bananera.
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