Ana Botín pelea contra un mito

12/05/2017

Miguel Ángel Valero. Ana Samboal retrata en "Nacida para triunfar" a la presidenta del Santander, que de niña quería ser periodista.

«Ana pelea contra un mito». Esta frase de la página 250 de «Ana Botín. Nacida para triunfar. La reina de la banca» (La Esfera de los Libros, 302 páginas), la obra de Ana Samboal, resume lo que sucede con la presidenta del Santander.

La tesis de la autora del primer libro que se hace sobre la que presenta como «la mujer más poderosa de España» es que la sombra de Emilio Botín (el hombre que transformó el ‘bancuco’ en el primer grupo financiero de la Eurozona) es todavía (falleció el 10 de septiembre de 2014) «muy alargada».

Un punto de partida que contrasta con las frases finales de la obra, en las que se asegura que Ana Botín «ha tomado el mando, ha tomado el poder».

Pero eso es precisamente lo más interesante del retrato de Ana Botín. Una mujer, como dice el título de la obra, «nacida para triunfar», que ha vivido muy deprisa, en una sucesión de retos para hacer realidad, al mismo tiempo, «su sueño y su destino».

Aunque de niña quiso ser periodista (su abuela Ana le quitó la idea de la cabeza con un demoledor argumento: «los periodistas se mueren de hambre», y desde luego no le falta razón viendo cómo está la profesión), la banca fue casi la única opción que contempló a la hora de planificar su futuro profesional. Algo lógico cuando nace en una familia de banqueros, cuatro generaciones ya al frente del Santander.

Pero no lo ha tenido tan fácil como se puede creer. Su historia es una sucesión de retos, de fracasos, «que la han hecho más sólida y resistente», y también de éxitos. Ella defiende que ha empezado «desde abajo, nadie me ha regalado nada».

Con 53 años le llegó el momento para el que se ha preparado toda su vida. Pero «ha llegado la hora de demostrar que es el lugar que le corresponde por derecho«, de que «su futuro está en sus propias manos«, aunque «la sombra que proyecta la legendaria figura de su padre es, todavía, demasiado alargada».

«La observan con lupa. Calibran su capacidad para conducir con mano firme el imperio. Éste es su momento, y su valía para asentar y engrandecer la herencia recibida es lo que algunos ponen en cuestión», cuenta Ana Samboal. Nada nuevo bajo el sol del Santander, porque «es el mismo sambenito con el que tuvo que bregar su padre durante décadas», con las comparaciones, siempre odiosas, con Emilio Botín Sanz de Sautuola García de los Ríos,el Grande.

Ana Samboal narra los últimos días de Emilio Botín, el proceso de sucesión (tan rápido que fue muy criticado, especialmente fuera de España; la historia del Santander hasta convertirse en «un imperio donde no se pone el sol»; la fusión con el Central Hispano y el error que pone en peligro el futuro de Ana Botín en el banco; el «destierro», que aprovechó para protagonizar aventuras empresariales en Internet de discreto balance.

La forja de una líder

También «la forja de un líder», cómo Ana Botín ha sido educada para ser presidenta del Santander («trátela usted como una más, pero no olvide que es mi hija», dijo Emilio Botín al director de la primera sucursal del banco en la que trabajó). La experiencia vivida en JPMorgan con apenas 20 años. Las operaciones realizadas en Latinoamérica. La aventura fallida en la banca de inversión internacional con Peregrine Securities en Singapur. La etapa exitosa al frente de Banesto, una vez saneado por Alfredo Sáenz, que reconoce que «Ana hace cosas importantes en el banco», y que la confirma como heredera. Lo mismo que su paso por el Reino Unido, de donde únicamente sale para presidir el Santander tras la muerte de Emilio Botín.

Pronto se nota su propio estilo: se deshace de Javier Marín, el último consejero delegado de Emilio Botín, y de muchos de sus directivos, los llamados «generales», para crear su propio equipo, por cierto todos hombres (aunque su última incorporación es una mujer, Jennifer Scardino, al frente de Comunicación), todos de su quinta, salvo Matías Rodríguez Inciarte y Rodrigo Echenique, los únicos de la vieja guardia que sobreviven a la ‘purga’.

Lanza su propia hoja de ruta: «queremos ser un banco sencillo, personal y justo». Y se atreve a corregir a su antecesor y a sus polémicos dividendos con acciones para afrontar una ampliación de capital de 7.500 millones que genera una demanda superior a los 11.000 millones. Y trata de imitar el espectacular éxito de Emilio Botín con la Supercuenta con la Cuenta 1/2/3.

Ana Botín reconoce que era «una mujer con prisas»: se casó a los 22 años ( y fue ella quién pidió a Guillermo Morenés dar el paso, algo insólito en aquella época). Pero también afirma que «hay que saber para qué se tiene prisa y hacia dónde queremos dirigirnos«.

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