“¡No, por favor!”

13/05/2017

Joaquín Pérez Azaústre.

“¡No, por favor! Es que es todos los días”. La frase no es mía, sino de Mariano Rajoy. Sale del hemiciclo, donde acaba de asistir a la sesión de control al Gobierno que preside. Se le acerca un grupo de periodistas con los micrófonos preparados. Le preguntan, claro, por lo único que puede resultar interesante preguntarle a este hombre, todavía: los recientes y multiplicados casos de corrupción vinculados al Partido Popular. O sea, los suyos. Pues bien, que están allí los periodistas, después de haber tenido que escuchar no pocas perogrulladas, falsedades y baladronadas, pero que están en su sitio, por un sueldo quizá precario, con un trabajo temporal, o no, pero con pasión, con esa furia limpia de la juventud que va a comerse el mundo, que es capaz de encadenar varios contratos basura para mantener viva la llama comestible de una vocación. Así, están allí estas chicas y chicos manteniendo el fuego del periodismo, que vapulean en ristras de tertulias mercenarios a cargo de uno u otro bando, con sueldos estupendos, mientras esta muchachada aguanta en el Congreso y levanta la alcachofa: Por favor, presidente. Y el presidente, que está allí, precisamente, para contestar a nuestra soberanía, para dar voz y nombre a una población, va y les suelta: “¡No, por favor!”. Entonces la gente se queda patidifusa. ¿“No, por favor”? Y entonces el presidente del Gobierno se encoge de hombros, como si la evidencia de sus razones fuera adivinada por los reporteros, y remata: “Es que es todos los días”. La periodista, entre la broma y la elocuencia, le corrige: “Hombre, presidente, todos los días… ”.

Pues claro que es todos los días joder. Cómo no va a ser todos los días. Si es que los escándalos de corrupción del Partido Popular, que tú presides, nos revientan cada día, cada hora y cada minuto en la retina, nos agrietan los párpados, los hunden, nos hacen estallar las bolsas de los ojos. Si es que esta corrupción, semejante tomadura de pelo colectiva, todo este expolio, o te lo tomas con un cierto y distanciado sentido del humor, o te dan ganas de resucitar el espíritu del 2 de Mayo, ahora que se ha vuelto a celebrar, pero con el cuchillo galdosiano entre los dientes, refulgente de rabia y sopor ciudadano. Porque esta cuadrilla, acaudillada por Rajoy, nos está durmiendo entre cifras y datos y noticias, cuando cualquiera de ellas –yo qué sé, Bankia, Rodrigo Rato, Luis Bárcenas, los mensajes, sé fuerte, la Gürtel, el caso Lezo, el fiscal anticorrupción Manuel Moix y sus intentos de impedir la investigación a Ignacio González, Esperanza Aguirre, Valencia, la vida, todo lo que tocan y convierten en excremento lírico, en navajazo ardiente que ya nos ha rajado el vientre del Derecho- sería motivo cabal para una rebelión sin granja, para tapar la calle y hacerla levitar en su recuperada dignidad.

Pues claro que es todos los días. Por tu culpa. Pero es que trabajar cansa, y explicar también cansa, y hasta mentir sistemáticamente nos acaba cansando. Y este hombre trata de gobernar un país sin quitarse de encima la bata de la siesta. Aunque claro, la mierda y los cadáveres siguen saliendo a flote cada día, y por eso es todos los días. Ojalá no fuera así. Pero es que encima clama al cielo y nos hace arder la sangre cívica que el presidente del plasma esté tan harto de lo que no hace: decirnos la verdad.

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