El 64% de las empresas españolas está sufriendo las consecuencias negativas de la morosidad, según el ‘Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España’, elaborado por Crédito y Caución e Iberinform. Un 26% está haciendo frente a impagos significativos, aunque es un 40% menos que hace 5 años (en 2012 alcanza el nivel máximo del 66%).
Una de cada diez empresas está en riesgo de cierre a causa de los impagos. El 83% se ve obligada a aceptar plazos de pago superiores a los deseados. El porcentaje más alto se refiere al 53% de las empresas que tienen relaciones B2B con grandes empresas pero la capacidad de las pymes para imponer plazos de pago también afecta un porcentaje significativo de sus proveedores: el 42%.
El estudio registra por segundo año consecutivo desde 2012 un empeoramiento en el comportamiento de los plazos de pago. Sólo el 39% de las empresas trabaja con plazos inferiores a los 60 días que trató de impulsar la Ley 15/2010 de Medidas de Lucha contra la Morosidad, 7 puntos menos que hace 2 años.
También refleja una flexibilidad creciente de los plazos de cobro, como un elemento más de la relación comercial. El 83% de las empresas, el mayor un porcentaje registrado a lo largo del estudio, permite a sus clientes retrasos en pagos antes de considerar un crédito moroso e iniciar acciones de recobro.
Retraso intencionado
Los problemas de liquidez han dejado de ser el principal motivo que explica la morosidad empresarial. El retraso intencionado es la razón más mencionada para explicar la demora en pagos de clientes (53% de las empresas), por delante de la falta de disponibilidad de fondos (51%). La falta de voluntad, por primera vez desde que se realiza este estudio, pesa más que la incapacidad de pago.
Por segundo año consecutivo se produce un empeoramiento de las carencias en la gestión de clientes entre las empresas españolas. el 22% de las empresas, una de cada cuatro, no utiliza criterios de solvencia en el análisis de su cartera. Este indicador mantiene una sorprendente estabilidad a lo largo de la serie histórica, que no ha mejorado ni siquiera en los peores años de la crisis, un síntoma de la desprotección estructural del tejido empresarial frente a los efectos de la morosidad.
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