El palo y la zanahoria de Montoro

21/06/2017

Maite Vázquez del Río.

Que el ministro de Hacienda nos trata como si los ciudadanos fuéramos tontos no es nuevo. Nos miente (prometió no subir impuestos y lo primero que hizo nada más llegar a su ministerio fue subirlos), nos da caramelos (nos volvió a bajar lo que nos había subido, asegurando que era una rebaja fiscal) y ahora después de tanto palo (menos para los defraudadores a los que amnistió inconstitucionalmente) nos explica que se guarda la “zanahoria” para que le volvamos a votar: nos anunciará una nueva bajada de impuestos cuando estemos cerca de las próximas elecciones generales.

Así de simple y astuto es el ministro. Los socialistas se preparan para reprobarlo, a sabiendas de por dónde se pasa el actual Gobierno las reprobaciones. En cualquier país de nuestro entorno ya habrían dimitido los ministros de Justicia e Interior, además del fiscal general del Estado y el secretario de Estado de Interior. Solo se ha conseguido que se vaya el fiscal anticorrupción porque lo suyo clamaba al cielo, aunque el cielo del fiscal Maza debe estar en otro planeta al seguir erre que erre defendiéndole una vez dimitido.

Pues bien, Montoro con toda seguridad será reprobado y en lugar de esconderse por las esquinas del hemiciclo saca pecho-lobo, sigue con sus ironías y bromitas de mal gusto y está encantando de haberse conocido. Total su amnistía nos ayudó a no ser rescatados nada más y nada menos, pese a que de lo que pretendía recaudar a lo que, finalmente, recaudó fue calderilla.

Nos prometió además sacar la lista de defraudadores, una promesa que fue postergando en meses y meses, hasta que se le olvidó su promesa. Y solo conocemos aquellos defraudadores que regularizaron su situación y ahora pasean por los tribunales porque pese a todo se les ha pillado.

Y Montoro sigue fustigando al resto. A los contribuyentes que tiene controlados y nada pueden ocultar, a colectivos de profesionales liberales porque presuntamente pueden engañar al fisco, a los futbolistas que en otro tiempo fueron mimados por la propia Hacienda que ahora les sienta en los banquillos.

Montoro debería tratárselo, hacérselo ver porque lo suyo es un despropósito tras otro aunque nos prometa zanahorias en las que ya nadie cree.

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