‘Hacia el cielo sin enchufes’: Por el camino de Twain

23/06/2017

Luis M. del Amo. De Matteis adapta en Plot Point la humorada del argentino Roberto Cossa sobre el juicio de las almas.

A mediados de esta década, el dramaturgo argentino Roberto Cossa escribió Final del juicio, una humorada sobre los últimos cambios en la Iglesia católica, tras la llegada del papa Francisco, y en general sobre la moral conservadora, y una defensa del humor como ariete frente al poder. El texto, tomando como referencia el juicio de las almas católico tras la muerte, indagaba en este viraje eclesial, y señalaba con dedo crítico algunas costumbres arraigadas en el sector más reaccionario de la sociedad.

Ahora, con este punto de partida, el también argentino Carlos de Matteis, director de teatro asentado en España, al frente junto a Marina Skell de la madrileña sala Plot Point, ha adaptado y montado la obra para su exhibición en la citada sala, ubicada en ese archipiélago teatral surgido en la calle Ercilla, al calor de la veterana La cuarta pared, muy cerca de la glorieta de Embajadores y del barrio de Lavapiés.

La adaptación, “una versión libre”, en palabras del propio De Matteis, promete al espectador una “divertida comedia que le hace justicia a la justicia en España”. Y ofrece, con parecidas frases, la impresión de que lo que se servirá es una disquisición en torno al sistema judicial y político de nuestro país.

Lejos de ser cierto, la versión ofrece en realidad pocas modificaciones respecto del original de Cossa. Y las referencias a la situación política y judicial en España, no pasan de ser eso, simples referencias, injertos en una obra, cuyo cañamazo argumental se mantiene lejos de la realidad española.

Por el contrario, lo que prevalece en esta Hacia el cielo sin enchufes es el trasfondo del texto primigenio de Cossa, una humorada moral que recuerda, en parte, a Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain, o más específicamente, a la adaptación teatral que, hace veinte años, trajo a España con gran éxito, curiosamente, el también argentino Miguel Ángel Solá; y en parte, a alguna de las numerosas defensas del humor como elemento de contrapoder, una de las cuales se encuentra por ejemplo en El nombre de la rosa, de Umberto Eco.

Juicio de las almas

En lugar de centrarse en la creación del mundo, como Twain, la obra de Cossa se apoya en las postrimerías de la vida de un hombre, Adan, que debe enfrentarse al juicio de su alma frente a un estrambótico tribunal, defendido por Eva, su abogada, que le preparará para su entrevista con los excéntricos magistrados, a los que nunca vemos, pero de cuyas actuaciones nos llegan noticias a través de la letrada y de un tercer personaje auxiliar, como es la serpiente.

Con esta excusa, la obra repasa vida y obra del protagonista, a fin de elevar su defensa del poder disolvente del humor, y construir una crítica a la moral imperante, y a los poco efectivos cambios — opina su autor — operados en la iglesia de la mano del nuevo papa Francisco.

Interpretación solvente

Llegados a este punto, hay que decir que la obra – que no es una crítica al sistema judicial español, es necesario insistir – se mantiene con solvencia, gracias no solo al texto de Cossa adaptado por De Matteis – si bien este no ofrece nada excesivamente nuevo – , sino además a la notable actuación de sus intérpretes.

Y muy especialmente de Marina Skell, actriz, directora y dramaturga, y al frente de la sala junto a De Matteis, que se deja la piel sobre el escenario en defensa de esta Eva; así como de Juan Gravina, muy gracioso en el papel de Adán; mientras que completan el elenco Ángel Suárez y Saül Codina.

En definitiva, una obra entretenida, que ofrece un punto de vista crítico, aunque no muy original, sobre la moral burguesa, y que se preocupa más por defender su alegato ideológico que por construir personajes.

Recomendable.

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