Escuchar al accionista

11/07/2017

Fernando Geijo.

El fomento del diálogo en las relaciones entre empresas cotizadas y accionistas se antoja creciente, a tenor de las recientes transformaciones introducidas en la normativa internacional en materia de gobierno corporativo, especialmente en el caso de los minoritarios.

Así, los pequeños accionistas se están configurando como uno de los grupos de interés preferentes a la hora de entablar un adecuado y plausible intercambio de puntos de vista de cara a mejorar la reputación empresarial y, de paso, cumplir con las exigencias emanadas de la regulación jurídica en la materia.

El punto de inflexión se produjo hace ya algunas décadas con los cambios introducidos en relación a la generalización de las buenas prácticas de gobierno corporativo, que trataban de delimitar una clara línea divisoria entre aquellas empresas ‘dignas de confianza’ a la hora de que los ciudadanos de a pie pudiesen depositar con plena seguridad sus ahorros en acciones de las mismas, vía inversión en activos de renta variable.

En este orden de cosas, la última tendencia en relación al adecuado fomento de las relaciones empresa-accionistas apunta a la constitución de los denominados comités consultivos, como punto de encuentro para conocer las sugerencias y expectativas generadas desde las filas de los pequeños ahorradores.

La clave, por tanto, parece estar en otorgar un mayor protagonismo a los accionistas minoritarios frente al ‘rodillo’ ejercido con demasiada frecuencia en el pasado, sobre todo en compañías con una clara concentración de la propiedad en manos de una sola familia. Los accionistas minoritarios reciben cada día atención más preferente fruto de la creciente profesionalización de las estructuras organizativas de las empresas cotizadas y, por ende, de la internacionalización de las mismas con la llegada a su capital de fondos de inversión foráneos con un claro enfoque pro buen gobierno corporativo.

Este aspecto, unido a la influencia del trabajo desarrollado desde los proxy advisors a la hora de aprobar los puntos más comprometidos de los diferentes órdenes del día de las juntas de accionistas, validación de las cuentas anuales y remuneración de los consejeros, entre otras cuestiones relevantes, es lo que finalmente ha inclinado el fiel de la balanza hacia la democratización del trato a los accionistas, sin realizar un claro distingo en función del número de títulos acumulado por cada tenedor de acciones.

La transformación a la hora de contemplar al pequeño accionista como un potencial portavoz y aliado en materia de comunicación para ayudar a transmitir las excelencias empresariales de una determinada compañía en cuestión, ha sido definitivamente abrazada por el grueso de las empresas cotizadas y representa un camino, a estas alturas, sin posible retorno.

Pero entrando en los detalles de la propuesta de estos consejos o comités, conviene aclarar que el fomento del diálogo y el intercambio de opiniones y pareceres con los accionistas no representados directamente en los distintos consejos de administración, en especial los minoritarios, es una tendencia que ya está presente en compañías multinacionales como Engie, PSA, AXA y Veolia, entre otras, y en, al menos, dos de las del Ibex-35. En concreto, Repsol y CaixaBank ya cuentan con sus respectivos comités asesores, como foros oficiales en los que tomar el pulso a ‘todo’ el universo de accionistas, sin excepción y sin tener en cuenta su particular músculo financiero.

La nueva, y siempre necesaria, vuelta de tuerca en términos de gobierno corporativo está teniendo una clara aceptación en el sentido de que ya forman parte de los mismos accionistas individuales voluntarios con una proporcionalidad que refleja la diversidad geográfica de la base accionarial de la compañía en cuestión.

Estos comités consultivos, integrados por una media de entre nueve y diecisiete miembros que, además, deben contar con un número mínimo, en ningún caso elevado, de acciones para tener derecho a participar en los mismos, se suelen reunir con el correspondiente equipo directivo con una determinada periodicidad, semestral, por ejemplo, al objeto de recabar sus opiniones, y su mandato expira en una determinado lapso de tiempo, al cabo de una media de unos dos años.

En el caso de CaixaBank, la entidad pionera en España en este sentido, crearon su comité consultivo en el año 2010, coincidiendo con la salida a bolsa de Criteria, la sociedad tenedora de su cartera de participaciones industriales. El órgano consultivo está constituido por un total de 17 integrantes y en su última reunión, celebrada en 2017, el nuevo presidente, Jordi Gual, aclaró personalmente a los representantes de los pequeños accionistas la estrategia de negocio del banco para los próximos ejercicios.

Por su parte, Repsol puso en marcha su consejo consultivo en 2014, con la intención expresa de impulsar la comunicación y transparencia entre accionistas minoritarios y el equipo directivo. Como en el caso anterior, es necesario contar con un mínimo de 1.000 acciones, aunque la petrolera exige, además, contar col al menos un año de antigüedad como accionista de la compañía.

El hecho de que las opiniones, sugerencias y, en definitiva, sensibilidades del colectivo de accionistas minoritarios tengan cada vez mayor peso en el proceso de toma de decisiones de las empresas españolas cotizadas es una muestra de la madurez que están adquiriendo en nuestro país los sistemas de gobierno corporativo, basados en un enfoque eminentemente garantista y ecuánime. Asimismo, la comunicación se antoja, de nuevo, un elemento clave al facilitar el hecho de contar con unos adecuados ámbitos de colaboración bidireccional donde se respeten los intereses de todos los accionistas, independientemente del valor de su inversión, bajo la máxima del bien común entendida como un objetivo en sí mismo.

Fernando Geijo, consultor sénior de Estudio de Comunicación

@fergeijo

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