El barco del horror

21/07/2017

Joaquín Pérez Azaústre.

El barco del horror nos salvará del vertedero de África. Porque el barco del horror, fletado por el grupo ultraderechista Generación Identitaria, tiene como objetivo hundir las embarcaciones de inmigrantes en el Mediterráneo y también impedir el salvamento de las ONG con barcos de rescate. La formación juvenil, integrada por un grupo de convencidos muchachos italianos y franceses, pero fundamentalmente alemanes y austriacos, ha conseguido nada menos que 60.000 euros en una plataforma de crowdfunding para pagar el C-Star. Partirá en pocos días desde el puerto de Catania, en Sicilia, para “hundir las embarcaciones de migrantes” y “vigilar” los salvamentos de las ONG. Como explican en sus páginas web y también en el vídeo que han elaborado, su misión es “iniciar la búsqueda y rescate identitaria en julio en la costa de Libia. Nuestro objetivo es documentar los actos de las ONG, exponer su colaboración con los contrabandistas humanos e intervenir si hacen algo ilegal”. En definitiva, Defend Europe es una acción xenófoba de la ultraderecha europea que tiene claro su propósito.

“El futuro de Europa es oscuro y que este verano será decisivo (…). Estas oleadas masivas de migración están cambiando la cara de nuestras calles y ciudades. Pronto la gente que ha estado viviendo aquí durante cientos de años, estarán en riesgo de convertirse en una minoría dentro de sus propios países”. Así, para Defend Europe y Generación Identitaria es “intervenir donde nuestros políticos están fallando y hacer lo que sea necesario para detener la ola de migración ilegal a Europa”, porque “ahora mismo las autodenominadas ONG humanitarias están introduciendo a miles de inmigrantes ilegales en Europa y están poniendo en peligro la seguridad y el futuro de nuestro continente. Ellas son responsables de las muertes de miles de africanos en el Mediterráneo”. Lorenzo Fiato, portavoz del movimiento en Italia, afirma que la tripulación del C-Star sólo quiere acabar con el tráfico de personas: “Si recibimos una señal SOS, por supuesto salvaremos a las personas en peligro y las entregaremos a la Guardia Costera Libia para asegurarnos de que son llevados al puerto más cercano, de acuerdo con el derecho internacional, para que puedan ser devueltos a sus países”. También ha asegurado que después hundirán las embarcaciones “para evitar que los traficantes no puedan volver a utilizarlas”. El asunto, entre otros, es que no lo hagan después, sino antes, y con su carga todavía a bordo. Porque no habrá testigos.

SOS Méditerranée ya ha denunciado que la legislación marítima obliga a “prestar asistencia a las embarcaciones en apuros” y que se lleve a sus ocupantes a un puerto seguro, lo que excluye Libia, donde el tráfico de seres humanos es una realidad. También la Red Española de Inmigración y Ayuda al Refugiado ha presentado una denuncia ante la Fiscalía General del Estado contra Generación Identitaria, para que la Guardia de costas y la Guardia Civil colaboren con Frontex, la Agencia de la Unión Europea para las fronteras, si la nave cruza las aguas jurisdiccionales españolas, para detener el C-Star. Esta gente puede parecernos repugnante –de hecho, lo es: se trata de nazis nada encubiertos, partidarios de la segregación racial y de los campos de exterminio para inmigrantes-, aunque por lo menos es coherente: detesta a los inmigrantes, se considera superior a ellos por motivos básicamente raciales, y prefieren ahogarlos a dejarles un sitio en la mesa. Pero no lo ocultan. Europa, en cambio –o sea, nosotros-, mientras tanto, ¿qué hace? ¿Qué declaraciones hizo Zoido la semana pasada? ¿Cuántos de los 17.387 refugiados que se comprometió a acoger España en 2015 han llegado hasta nosotros? España sigue sin cumplir con los refugiados y la crisis migratoria. Solamente 1.212 refugiados, con 878 reubicados y 334 reasentados.

Condenemos el barco xenófobo y durmamos tranquilos, con la conciencia engañosamente limpia. Pero el verdadero enemigo es otro: nuestro Gobierno, nuestros Gobiernos, que ante la mayor crisis de refugiados de la historia reciente ha decidido mirar hacia otro lado. Sigamos llorando con La lista de Schindler y El pianista, tan edificantes. Sigamos recordando a Stefan Zweig para sentirnos bien con nuestra medida ética del mundo. Pero el futuro, y también nuestros hijos, un día nos preguntarán si escuchamos los gritos de todos los ahogados.

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