El silencio del nadador

25/08/2017

Joaquín Pérez Azaústre.

El nadador se inclina antes del salto, se contempla en las aguas, pero finalmente sigue en pie. El nadador es dueño de su propio minuto, el que le ha negado la Federación Internacional de Natación, por las víctimas del atentado en Barcelona. En Budapest, antes de salir a la piscina, ha preguntado si es posible guardar un minuto de silencio, y ha recibido la respuesta como un golpe: “No, porque no hay tiempo que perder”. No hay tiempo que perder, le han contestado: ni para la vida ni para la muerte, ni para el recuerdo del ataque ni para el duelo; ni para la consideración, ni para la extrañeza, ni para la dignidad propia. Sin embargo, Fernando Álvarez no se lo piensa: cuando los demás nadadores se preparan para el salto, él también se echa ligeramente hacia delante, para después erguirse y permanecer así, mientras los demás ganan una carrera que ya no importará a nadie, porque es una competición más del Mundial de veteranos para sus protagonistas privados, mientras que el gesto de Fernando Álvarez se ha convertido, desde su sencillez, en un planteamiento universal del derecho a elegir.

Lo que ha escogido Fernando ha sido un respeto silencioso, una especie de férrea humanidad que se mantiene en pie. Las explicaciones que ha dado después, como ha contado en La Vanguardia, ahondan en esa sencillez, con una marca propia de profundidad: “Me ha afectado muchísimo. Mi hija y mis nietos viven en Barcelona, ella estuvo a punto de ir a las Ramblas aquel día. No fue y se libró”. Este hombre de 71 años, que lleva nadando toda una vida, ha sido campeón de Cataluña, récord de España y Andalucía y ha formado parte del top ten del mundo, sigue compitiendo en el Club Natación Cádiz. Por guardar ese minuto de silencio perdió una de las pruebas. Como él mismo explica, “No podían penalizarme pero anularon mi tiempo porque excedía el mínimo permitido. No me importó. Lo volvería a hacer aunque perdiera”. Mientras este hombre marcaba su ejemplo en Budapest y mantenía su minuto de silencio, en España seguimos sacando lo peor de nosotros y nos los arrojamos a la cara: no sólo el chapapote del separatismo, que todo anega y todo contamina, incluso la desolación más íntima, sino también reacciones contrarias que tienen más que ver con el fascismo y con la xenofobia que con la necesaria administración y dosificación del dolor. Pero tenemos este minuto de agua, este minuto seco que no requiere palabras.

Nada en este hombre parece querer demandar atención. Late en su semblante ese tipo de humildad y prudencia reales de quien habría preferido pasar desapercibido y mantener su postura enmarcada en un código personal. Pero en la era de YouTube ya no es posible. Una de las carreras acuáticas más reproducidas del año ya es la de Fernando Álvarez, manteniéndose sobre su podio, con la medalla invisible colgada de los hombros gastados de un hombre que ha nadado a través de una vida.

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