Duro Felguera -que no quiere enfrentarse a un panorama similar al de Isolux, que está en concurso de acreedores- planteará a sus acreedores bancarios, liderados por Santander, que le conceda más tiempo para poder contar con una oferta vinculante de un socio industrial y financiero que entre en su capital y se haga cargo de la gestión.
Las negociaciones, iniciadas a partir de junio, se han apuntado un éxito y un medio éxito, que además no cuentan aún con suficiente alcance como para sacar a la empresa tecnológica de la crisis que atraviesa. El primero fue la aceptación por el pool bancario acreedor de un plazo «stand still», que concluye este mes, en el que se ha visto libre de sus compromisos financieros -el riesgo de la banca supera los 1.000 millones-. No obstante en este contexto, Duro Felguera, empresa de ingeniería y proyectos industriales, no ha recibido liquidez.
En el otro proceso, en el que participa la firma Rothschild, se han registrado avances pero que no permiten cumplir con uno de los requisitos para la refinanciación de la deuda: la entrada de una empresa que asegure la viabilidad de Duro Felguera y el cumplimiento de los compromisos.
Medios consultados destacan que la compañía ha despertado interés de inversores, si bien algunos con un perfil más financiero, como el con fondo de inversión Bybrook, que se ha mostrado dispuesto a aportar entre 75 y 100 millones (a cambio de más del 50% del capital), cifra que no cumple en principio con las necesidades del grupo que estarían en el entorno de los 130 millones.
Si bien esas negociaciones serían las más avanzadas, los mismos medios indican que el socio preferido es Acciona, pero esta compañía de infraestructuras, construcción y servicios no ha analizado en profundidad la operación como para comprometerse y en fuentes financieras se destaca que necesitaría varios meses adicionales para tomar una decisión. Elecnor también sondeó su entrada pero no avanzó en el proceso.
Cuando saltaron las alarmas el pasado junio respecto a la capacidad de Duro Felguera para hacer frente a sus compromisos con plantilla, banca y proveedores, la compañía puso de manifiesta que no se trataba de una crisis estructural. Y que, por el contrario, los problemas surgidos se debían a las deudas acumuladas por el retraso de pagos de su cliente.
Las dudas de la banca respecto a los plazos y la posibilidad de que un inversor adquiera una participación mayoritaria se trasladaron a la Bolsa y Duro se dejó más de un 25% la pasada semana. Y en paralelo transciende la oposición al actual presidente, Antonio del Valle, por parte de la banca e incluso del consejo.
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