
En la ciudad condal se han realizado acciones de protesta e incluso actos vandálicos protagonizados por organizaciones políticas, que aseguran actuar en defensa propia, por lo que consideran un ataque directo del turismo masivo.
Ese fue uno de los casos que protagonizaron miembros de Arranz, una asociación de la izquierda independentista vinculada a la CUP. Este grupo reivindicó el pasado mes de julio el ataque a un autobús turístico de Barcelona, en el que se produjeron improtantes destrozos.
Una circunstancia que sucede al tiempo que el gobierno de la Generalitat promueve el referéndum independentista del 1 de octubre, para el que requiere el apoyo de formaciones políticas como ésta que acabamos de mencionar. Ya en su día, la Generalitat se apresuró a desmarcar el soberanismo de cualquier acto violento, condenando los actos protagonizados por los miembros de Arranz. Pidió además a la CUP “que se replanteen este tipo de acciones”, porque podían poner en peligro el proceso soberanista.
Junto a desavenencias políticas, se están desencadenando otra serie de inconvenientes que también generan el malestar de de todos los agentes que participan directa e indirectamente en la maquinaria turística: agentes públicos, sectores privados, turistas y residentes. Según un informe de OSTELA (School of Tourism & Hospitality) el malestar se produce por las siguientes práticas: La privatización del espacio público; la congestión del espacio público en las ciudades; el creciente aumento del turismo de crucero y con ello, la temporalidad del excursionista y la congestión que conlleva en determinadas temporades, el aumento de los precios de la vivienda (alquiler y metro cuadrado) y la pérdida del poder adquisitivo por parte de los residentes en los destinos.
En estas circunstancias de creciente evolución de las prácticas poco sostenibles del turismo masivo en ciudades europeas como Venecia, Berlín o Barcelona, se han puesto de moda los términos overtourism y turismofobia. Venecia sufre directamente la congestión turística debido al aumento de excursionistas de turismo de crucero. El centro histórico, desde el 2001 hasta el 2015 ha perdido 10.000 habitantes. Por su parte, Berlín está sufriendo el auge del turismo masivo; el número de pernoctaciones turísticas ha superado los 10 millones.
En Barcelona, la saturación turística se ha desarrollado gracias a circunstancias como el aumento de hoteles (de 118 en 1990 a 408 en 2016) y de plazas hoteleras (de 18.569 en 1990 a 67.640 en 2017), pero también a la creciente oferta de viviendas de uso turístico, que ha desencadenado un incremento sustancial del precio del alquiler y de la vivienda.
Todos estos factores han puesto en jaque a la ciudadanía, que ha valorado este fenómeno del turismo masivo y sus consecuencias como el problema más grave de la ciudad. De ahí la proliferación de iniciativas y campañas sociales contra la presión turística en la que se han desarrollado propuestas como la cancelación de la promoción pública del turismo, retirar las ayudas fiscalesy las subvenciones, etcètera.
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